EDITORIAL

La amenaza de la CNTE

El aliado se ha revelado, sí, aquel que ayudó a empoderarse a la Cuarta Transformación, ahora lucha porque el sistema político que contribuyó a darle el triunfo a Andrés Manuel López Obrador en la presidencia de la República, le cumpla lo que le prometieron.

Lo cierto es que en política no hay que fiarse de nadie, porque suele suceder que los empoderados se olvidan de los menesterosos, de aquellos que traicionan sus ideales para conseguir prebendas, no para un conglomerado, sino para un pequeño grupo que ha encontrado la forma de vivir holgadamente sin estar frente al aula.

Resulta que la amenaza de un nuevo paro nacional por parte de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) no sorprende a nadie. Lo que sí debería seguir sorprendiendo —e indignando— es la facilidad con la que, cada año, el derecho de millones de niños a recibir clases queda subordinado a los intereses políticos, económicos y gremiales de un grupo que ha perfeccionado el arte de la presión y el chantaje como mecanismo de negociación.

En Chiapas, la historia es todavía más dolorosa. Basta revisar los índices de alfabetización, rezago educativo y abandono escolar para entender que, desde hace décadas, la educación pública ha sido utilizada como moneda de cambio. Los alumnos siempre quedan al final de la fila. No importan los calendarios incompletos, las aulas vacías o las generaciones enteras condenadas a una formación deficiente; lo verdaderamente prioritario para ciertos sectores sindicales parece ser conservar privilegios, cuotas de poder y control político.

Lo vivimos con los antiguos dirigentes de la CNTE, quienes, sin excepción, terminaron viviendo cómodamente, alejados de la “lucha social” que tanto pregonaban. Muchos disfrutan hoy de pensiones privilegiadas, recursos acumulados durante sus años de liderazgo y posiciones que jamás transparentaron ante las bases magisteriales. Ya no marchan, ya no bloquean carreteras, ya no duermen en plantones, bueno, en este último punto, se iban a dormir a sus casas pasada la medianoche. La protesta quedó para otros; los beneficios, esos sí, permanecieron.

Y es ahí donde aparece la verdadera disputa: el control de la dirigencia. La pelea interna no tiene únicamente un trasfondo ideológico. Detrás existen millones de pesos manejados con opacidad, cuotas sindicales sin fiscalización clara y decisiones tomadas al libre albedrío. Las rendiciones de cuentas, cuando existen, suelen ser documentos incomprensibles que nadie cuestiona y que nunca derivan en sanciones porque el gobierno no quiere problemas con esta ala radical del SNTE.

Ahora la Coordinadora anuncia que el paro nacional es “inminente” si el gobierno federal no responde a sus demandas: la abrogación de la Ley del ISSSTE de 2007, la derogación de la reforma educativa y una mesa directa de negociación con la presidenta Claudia Sheinbaum. A ello suman movilizaciones, bloqueos, plantones y concentraciones masivas que serán definidas el próximo sábado 16 de mayo en su Asamblea Nacional Representativa.

La CNTE sabe perfectamente que el próximo Mundial de Futbol representa una oportunidad estratégica. Con millones de ojos puestos sobre México, las protestas adquieren una dimensión internacional y una presión política inédita. La amenaza estaba cantada desde hace semanas: aprovechar la exposición mediática global para doblar al gobierno federal. El cálculo político es evidente.

La maniobra que intentó el gobierno federal a través de la Secretaría de educación Pública de adelantar el calendario escolar, bajo los enfermos pretextos del calor y el Mundial de Futbol, son una prueba de que no se sabe cómo controlar esta vorágine que puede salirse de control.

Sin duda que la SEP, encabezada por Mario Delgado, ha mostrado una desconexión preocupante con la realidad educativa del país. La improvisación en decisiones relacionadas con el calendario escolar y la falta de consulta efectiva con docentes y padres de familia han alimentado el descontento, y en este contexto habría que aclarar que una cosa es reconocer errores institucionales y otra muy distinta justificar la paralización constante de las escuelas.

Sin embargo, miles de padres aceptan los paros no por convencimiento, sino por resignación. En Chiapas, donde la presión sindical suele imponerse, pocas voces se atreven a confrontar públicamente al movimiento.

El dilema ahora es si el gobierno tendrá recursos suficientes para satisfacer todas las exigencias económicas del magisterio, o si la CNTE está dispuesta a modificar una estrategia que históricamente le ha dado resultados.

Al final, el único que pierde es México pues los estudiantes son los directamente perjudicados donde ni la CNTE ni la SEP parece importarles su situación, son rehenes de un conflicto que no es de ahora, pero que se alimenta en soluciones falsas por cada gobierno que se engancha con los maestros para alcanzar el poder, aunque al final, los maestros en general han sido timados, mas no su dirigencia porque siempre en cada movimiento que hacen, nunca pierden.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *