EDITORIAL

Acorralan a la Cuarta Transformación

No sólo en el plano político la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, enfrenta los embates de la deficiente administración pública de algunos de sus aliados, sino que ahora hasta la Secretaría de Educación Pública ha sembrado dudas sobre si el ciclo escolar concluirá el 5 de junio o si únicamente se trata de una propuesta. Esto, luego de que la propia mandataria aclarara en su conferencia mañanera que el calendario aún no es oficial.

De entrada, argumentar que el calor extremo que se ha sentido y que continuará durante los próximos meses en el país, así como la celebración de la Copa Mundial de la FIFA 2026 —en la que México será anfitrión en Guadalajara, Monterrey y Ciudad de México— son las razones para adelantar el fin de clases, parece una tomada de pelo para alumnos, padres de familia, sectores políticos de oposición e incluso para la propia Asociación Nacional de Padres de Familia.

Las dudas que este asunto generó en redes sociales sólo dejaron en evidencia que el gobierno de la llamada Cuarta Transformación no sabe cómo quitarse de encima los posibles conflictos políticos y sociales que enfrentará si no atiende, en menos de 30 días, a los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), así como a productores y transportistas que, mediante marchas y bloqueos, han exigido atención a sus demandas relacionadas con el magisterio y la inseguridad.

Ese es, en realidad, el tema de fondo, y no el calor o el futbol. A la presidenta le han fallado sus colaboradores cercanos en las negociaciones de política interna y en las obras de embellecimiento de la capital del país, una ciudad que padece múltiples carencias y cuya Jefatura de Gobierno no sólo enfrenta falta de voluntad, sino también limitaciones de tiempo y recursos. La ausencia de planeación ha sido el gran “coco”; por ello, la presión de encarar un Mundial sin sobresaltos es lo que hoy mantiene bajo tensión al gobierno federal.

Además, no es que no exista comunicación entre el secretario de Educación Pública, Mario Delgado, y la mandataria respecto a la modificación del calendario escolar, sino que la inconformidad de los sectores involucrados radica en que nunca fueron consultados. Es decir, el exdirigente de Morena actuó como si bastara con encuestas a modo -como estaba acostumbrado-, ignorando a los padres de familia y minimizando las consecuencias de un mayor rezago educativo.

La aparente contradicción entre el anuncio del reajuste al calendario escolar hecho por Mario Delgado y la aclaración presidencial de que sólo se trata de una propuesta, no oficial todavía, parece más bien una maniobra para ganar tiempo y encontrar una salida política al problema.

Los sectores que amenazan con protestar durante el desarrollo del Mundial están decididos a llegar hasta las últimas consecuencias, pues saben que, bajo presión, es la única forma en que el gobierno les presta atención seria a sus demandas.

Ese sería, en realidad, el verdadero motivo para acortar el calendario escolar: que los maestros entren en vacaciones y no puedan organizar movilizaciones o escenarios de confrontación que, en algunos casos, podrían derivar en hechos violentos y proyectar una imagen negativa de México ante el mundo.

El tema ha causado polémica en todo el país, aunque Claudia Sheinbaum aclaró que se trata de una propuesta surgida desde los propios estados y no de una decisión unilateral de Mario Delgado.

Para muchos padres de familia, la modificación rompe por completo con los esquemas establecidos, ya que tener a los hijos en casa representa un problema serio para quienes trabajan y no tienen quién los cuide. El asunto no es menor: muchas madres tendrían que pagar a alguien para hacerse cargo de los menores o recurrir al apoyo de familiares.

“Modificar el calendario escolar no es una decisión administrativa menor: altera la continuidad pedagógica, rompe la planeación prevista en los programas analíticos y sintéticos, y afecta directamente a las comunidades escolares”, señaló el especialista Erick Juárez.

Mientras se resuelve este galimatías, la Cuarta Transformación permanece en una encrucijada que deberá atender con urgencia, aunque enfrenta un problema de fondo: la falta de recursos para responder a las demandas sociales de maestros, limoneros, productores y transportistas.

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