“Tronco” de regalos en honor a las madres
La diputada federal Rosa Irene Urbina Castañeda se voló la barda con su acción “altruista” de regalar, con motivo del Día de las Madres, recipientes de plástico de apenas 20 pesos, que incluso al mayoreo pueden conseguirse hasta en 10 pesos. Tras ser cuestionada por esta “obra de caridad”, la expresidenta municipal de Tapachula ni siquiera se inmutó ante las críticas y burlas generadas en redes sociales.
Las madres de familia, muchas de ellas en condición de vulnerabilidad, apenas agacharon la cabeza mientras los ayudantes de la legisladora repartían montones de utensilios domésticos. La escena dejó en evidencia cómo las mujeres humildes continúan siendo utilizadas como parte de actos propagandísticos para presumir apoyos en fechas simbólicas.
A la exalcaldesa, señalada por presuntamente haber dejado al municipio en bancarrota, parece no haberle importado que, con un salario superior a los 100 mil pesos mensuales como diputada federal —además de dietas y prestaciones—, sus “obsequios” fueran vistos como una burla hacia las asistentes. La mezquindad y la avaricia parecen ser rasgos que acompañan a quienes más tienen, pues nadie en su sano juicio consideraría digno entregar trastes de plástico como presentes conmemorativos.
Tras hacer mediática su visita a colonias como Jardines de Chiapas y Fracción Los Ángeles, la legisladora recibió fuertes cuestionamientos en redes sociales. Porque, por humilde que sea una persona, no merece que su importancia sea reducida a un simple artículo de plástico. La convivencia sincera, el acompañamiento y la atención genuina deberían ser el verdadero regalo: hacerlas sentir escuchadas, protegidas y respaldadas.
Esa cercanía con las mujeres debió traducirse en la gestión de apoyos reales y en llevar sus demandas a la Cámara de Diputados, impulsando acciones con perspectiva de desarrollo social. Pero no fue así. Pareciera que vale más una fotografía para redes sociales, aunque ésta termine siendo más ofensiva que benéfica.
Por ello, muchos consideran que la presencia de la diputada en el municipio obedeció únicamente al protocolo de aparentar una labor de “benefactora pública”. Ahora habrá que revisar los reportes que presente ante la Cámara de Diputados sobre la inversión destinada a la compra de tinas, jícaras y jarras de plástico utilizadas como regalos.
Seguramente, en vísperas del 10 de mayo, surgirán más ejemplos de políticos y políticas incapaces de dimensionar el agravio que implica jugar con las expectativas de mujeres que acuden con ilusión a estos eventos. Hoy muchas entienden que, para algunos representantes populares, su voto pareciera valer apenas 10, 20 o 30 pesos, según el precio del recipiente recibido.
La polémica también revive los señalamientos contra la exalcaldesa, quien nunca aclaró públicamente las denuncias derivadas de presuntas irregularidades detectadas por la Auditoría Superior de la Federación durante su administración, asentadas en el expediente PPRA/DCC/DICLI/004/2025.
A ello se suman las críticas por presuntas adjudicaciones de obra pública relacionadas con la empresa “Asturias Construcciones y Proyectos”, propiedad de su esposo, Tomás Gerardo Rubiera Espadas. Una de las obras observadas habría tenido un costo superior a los 2.8 millones de pesos y fue entregada sin concurso público.
También resulta contradictorio que, pese a las acusaciones de corrupción, hoy la diputada forme parte de la Comisión de Vigilancia de la Cámara de Diputados, una designación que ha despertado severos cuestionamientos.
Lo cierto es que, para repartir miserias, quizá hubiese sido mejor quedarse en casa. Crear falsas expectativas entre mujeres en situación de vulnerabilidad sólo exhibe la enorme distancia entre la clase política y la realidad que viven miles de familias. Es lamentable que todavía existan actos públicos que, lejos de dignificar a las madres, terminan convirtiéndose en una ofensa disfrazada de apoyo.




