Mario Caballero
La metamorfosis del caos en gobernabilidad
Desde tiempos lejanos, Tapachula ha sido reconocida como la “Perla del Soconusco”. Sin embargo, durante años esa joya permaneció enterrada bajo el fango de la desidia gubernamental y el abandono institucional.
La ciudad no sólo es la puerta de entrada a México; es, por definición, un microcosmos de tensiones migratorias, comerciales y sociales que desde hace largo rato requerían algo más que buenas intenciones, sino mano firme, visión gerencial y, sobre todo, una voluntad política que no se doblegue ante el primer vendaval de crisis.
Hoy en día, a poco más de la mitad de la gestión de Yamil Melgar Bravo, los datos y la percepción ciudadana comienzan a dibujar un paisaje distinto. Tapachula dejó de ser la nota roja del sur para convertirse en un ejemplo de reconstrucción administrativa. Juzgue usted.
CAMBIOS
El arribo de Melgar Bravo al Ayuntamiento no fue un día de campo. Recibió un municipio con arterias tapadas —literal y figuradamente—. Por ejemplo, la recolección de basura, ese servicio primario que suele ser el talón de Aquiles de cualquier alcalde, era un desastre que atentaba contra la salud pública.
La estrategia de Yamil para resolver el problema no fue el parche temporal, sino la reingeniería del servicio. En la actualidad, las rutas de recolección han dejado de ser una moneda al aire para los vecinos. La optimización de los recursos y la dignificación del personal de limpieza le han devuelto la dignidad a las calles que hasta hace poco se daba por perdida.
Ver camiones nuevos y horarios cumplidos no es un lujo, es el cumplimiento del contrato social básico que anteriores administraciones ignoraron y pisotearon.
El tema de la basura, no obstante, era apenas el síntoma de un mal mayor: la falta de transparencia.
Por años, el Ayuntamiento de Tapachula fue un agujero negro donde los presupuestos se diluían en la opacidad y la corrupción de las anteriores autoridades. Melgar Bravo entendió que para recuperar la confianza de los ciudadanos había que abrir las ventanas y las puertas del gobierno.
La rendición de cuentas bajo su mando no ha sido un ejercicio de retórica en redes sociales, sino una política de puertas abiertas y digitalización de procesos que acotan el margen del abuso en el ejercicio de los recursos del pueblo tapachulteco. Pues cuando las personas de a pie ven que sus impuestos se traducen en luminarias que sí funcionan y en baches que dejaron de existir, la gobernabilidad deja de ser un concepto abstracto para convertirse en una realidad palpable, con seguridad y bienestar social.
Y hablando de seguridad, el tema que quita el sueño a miles de familias de toda la región del Soconusco, mejoró en Tapachula no sólo poniendo más patrullas vigilando las calles, sino también con inteligencia y una coordinación finamente delineada con el nuevo modelo de seguridad implementada por la administración del gobernador Eduardo Ramírez Aguilar y los tres órdenes de gobierno.
Yamil Melgar ha sabido tejer esa fina red entre los órdenes federal y estatal, pero fortaleciendo lo que le toca: la policía municipal.
En este sentido, puso en marcha una estrategia que consiste en el incremento de los rondines, la recuperación de espacios públicos que antes eran guarida de la delincuencia y el equipamiento tecnológico que lograron cambiar la narrativa del miedo.
No se trata de levantar bandera blanca y tampoco de decir que el problema se borró por arte de magia, sino de reconocer que hoy existe un mando que no le rehúye a la responsabilidad y que entiende que la paz es el cimiento de cualquier desarrollo económico.
La gobernabilidad, esa palabra que a tantos políticos les queda grande, es quizás el mayor activo de esta administración. Tapachula ya no es el escenario de bloqueos constantes o de parálisis administrativa. El alcalde Melgar ha demostrado ser un interlocutor válido para todos los sectores: desde los empresarios que mueven la economía de la región hasta los grupos sociales que buscan ser escuchados.
Ha tenido la sensibilidad y la voluntad política de atender el reclamo, pero también la autoridad para poner orden. Porque gobernar no es caerles bien a todos, no es ser nada más carismático, sino tomar las decisiones necesarias para el bien común, aunque estas rompan con los privilegios de unos cuantos. Tal como sucedió desde los inicios de la gestión donde diversos grupos políticos pusieron obstáculos buscando presionar al presidente municipal con el propósito de recobrar sus viejas prebendas.
Por otra parte, los servicios públicos han experimentado una oxigenación evidente. El alumbrado público, verbigracia, ha transformado colonias que antes eran bocas de lobo en espacios transitables y seguros.
El agua potable y el alcantarillado, problemas antes enterrados bajo el pavimento, han recibido una atención técnica que privilegia la funcionalidad sobre la estética electorera. Melgar Bravo está construyendo la ciudad desde sus cimientos, desde lo que no se ve pero se siente en la calidad de vida diaria.
Esencial en este aspecto ha sido el programa estratégico de construcción de calles integrales, que a la vez de mejorar la imagen urbana de la ciudad, brinda comodidad, mejora la movilidad y eleva el estándar de seguridad en las colonias en beneficio de miles de familias.
UNA VENTAJA COMPETITIVA
Es claro que el camino por recorrer es largo todavía. Tapachula enfrenta desafíos que rebasan la esfera municipal, especialmente en el tema migratorio. Sin embargo, tener al frente a un hombre que conoce la administración pública, con experiencia, que sabe gestionar ante la Federación y que no pierde el piso ante el canto de las sirenas, le da a la Perla del Soconusco una ventaja competitiva que no tenía hace décadas.
Yamil Melgar Bravo ha demostrado que la política en estos tiempos se ejerce con decencia y capacidad técnica, herramientas de una transformación poderosa.
Su gestión está marcando un antes y un después. Aquellos que le apostaban al fracaso, que insisten aún en poner diques al cambio en la calidad de vida de los habitantes por motivos inconfesables, hoy se están quedando callados y están siendo exhibidos ante el avance de las obras y la tranquilidad de las calles.
Si se acabaron las malas noticias es porque no las hay. Hoy los diarios hablan de Tapachula como una ciudad con prosperidad, seguridad y estabilidad gubernamental. Y de un alcalde que suda la camiseta a diario, que recorre las calles, propone el diálogo con la ciudadanía y planta la cara a la adversidad.
REFLEXIÓN
Pensemos en esto.
Al final del día, la historia de los pueblos la escriben quienes se atreven a poner orden en el caos. Y en Tapachula, el orden tiene nombre y apellido. El tiempo, ese juez implacable, le está dando la razón a quienes confiaron en un proyecto de resultados y no de promesas vacías. La Perla vuelve a brillar, no por la luz de los reflectores, sino por el trabajo diario de un gobierno que entendió que su única misión es servir con sentido humano, sin regateos de ningún género y con disposición firme.
yomariocaballero@gmail.com




