EDITORIAL

¿Negligencia médica?

La medicina está asociada, por esencia, con el cuidado, la vida y la esperanza. Sin embargo, cuando los profesionales de la salud incumplen sus deberes o actúan con descuido, el resultado puede ser devastador. La negligencia médica no solo representa un error clínico, sino una falla profunda en el sistema que debería proteger a los pacientes.

Es importante distinguir entre un error médico inevitable y la negligencia. No todos los errores son sancionables, sino únicamente aquellos que derivan de imprudencia, descuido o falta de preparación. Sin embargo, probarlo en los tribunales implica riesgos y suele ser un proceso complejo.

Esto viene a colación por otro caso escandaloso registrado en uno de los hospitales de Tuxtla Gutiérrez. El domingo se reportó y confirmó el deceso de una mujer que, presuntamente, perdió la vida a causa de negligencia médica. El caso es delicado por varias razones: en primer lugar, fallece una joven que deja en la orfandad a dos hijos; en segundo, porque la confianza en los centros médicos se deteriora cuando los estándares de calidad no se supervisan de manera estricta.

Jacqueline ingresó al hospital Santa Sofía para atender su parto. Su hijo nació sano y salvo; sin embargo, ella presentó complicaciones que los familiares atribuyen a un descuido del hospital. Al agravarse su estado, fue trasladada al hospital “Gilberto Gómez Maza”, un centro público que atiende situaciones de mayor complejidad.

Se presume que el hospital Santa Sofía buscó evitar problemas legales, razón por la cual se decidió trasladar a la paciente. De acuerdo con antecedentes difundidos en algunos medios locales, dicho nosocomio ya contaba con reportes de deficiencias en el servicio. De ser así, corresponde a la Fiscalía esclarecer los hechos.

Samuel Toalá Díaz, esposo de Jacqueline, señaló que acudieron a este centro médico, ubicado en la capital chiapaneca, por recomendación de su partera para realizar una cesárea. La joven se encontraba en buen estado de salud, por lo que no había indicios de que el posoperatorio derivaría en una tragedia.

Independientemente de que la familia ya haya presentado una denuncia ante la Fiscalía General del Estado, es momento de que se observe la intervención de la Comisión Nacional de Arbitraje Médico, encargada de mediar entre pacientes y servicios de salud. En contraste, existe escepticismo sobre la postura que podría asumir la Comisión Estatal de los Derechos Humanos, debido a cuestionamientos recientes sobre su desempeño.

La Fiscalía debe investigar a fondo la denuncia e imponer todo el peso de la ley a quien o quienes resulten responsables, si así se determina. En su caso, también deberá esclarecer y transparentar ante la opinión pública las condiciones en que la víctima ingresó al hospital.

La familia, con justa razón, exige explicaciones por este deceso que los ha dejado perplejos. Es comprensible que demanden sanciones, pero estos procesos requieren tiempo; lo fundamental es que la justicia se conduzca con transparencia y honestidad.

Este caso no solo busca sanciones o una posible reparación del daño si se confirma la responsabilidad del hospital. Por ahora, el nosocomio permanece clausurado en tanto se resuelve la investigación sobre esta presunta negligencia médica, lo cual podría sentar un precedente para evitar hechos similares en el futuro.

En esta labor, la participación de la Secretaría de Salud, a través de la supervisión del cumplimiento de normas, debe ser determinante para garantizar en qué condiciones operan los hospitales. La calidad de la atención médica debe estar respaldada por las Normas Oficiales Mexicanas. Además, no es la primera vez que se registra un caso de esta naturaleza en hospitales de Chiapas.

Las cirugías estéticas son un ejemplo claro de los riesgos existentes: médicos sin la debida certificación realizan procedimientos que ponen en peligro la vida de los pacientes. A ello se suma la falta de información de quienes recurren a estos servicios, muchas veces sin verificar la preparación de quienes los ofrecen.

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