Letras Desnudas

Mario Caballero

Del olvido institucional al humanismo transformador

En la política, hay mensajes que simplemente no pueden pasar desapercibidos. Como el de “Tengo un sueño” de Martin Luther King Jr., el cual terminó siendo un discurso fundamental que catalizó el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos. O el “Estoy dispuesto a morir” de Mandela, pronunciado desde el banquillo de los acusados durante el Juicio de Rivonia, que marcó el fin oficial del apartheid en Sudáfrica y el comienzo de una era de reconciliación y democracia.

No olvidemos la frase “Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”, del gran Juárez, emitida el 15 de julio de 1867 tras el triunfo de la República sobre el Segundo Imperio, que consolidó la soberanía nacional y sentó las bases de la convivencia democrática y el derecho internacional moderno.

Sin duda, estas frases y mensajes dejaron una huella imborrable en la humanidad y cambiaron el rumbo de la historia. Y ejemplifican que las palabras tienen el poder de marcar un antes y un después en cualquier sociedad. Llaman a la acción, mueven a las masas, motivan al cambio y transforman realidades.

EL LLAMADO DE ERA

En este sentido, quiero recuperar el mensaje pronunciado por el gobernador Eduardo Ramírez con el cual les hizo un llamado a sus colaboradores durante la reunión con integrantes del Gabinete Legal y Ampliado de este lunes en el mirador Los Chiapa en el Cañón del Sumidero, que podría ser entendido no sólo como una invitación a consolidar el buen ejercicio público, sino incluso a cerrar un capítulo oscuro en la historia política de Chiapas.

Así lo dijo:

“Sigan desempeñando su labor con base a los principios que rigen el Gobierno de Chiapas: conciencia, lealtad, honestidad, fraternidad, compromiso y amor por el prójimo; generosidad, solidaridad, empatía, bondad, sensibilidad y un alto sentido del deber; es decir, con un humanismo que transforme la realidad de los pueblos. Desde este lugar sagrado visualicemos y asumamos nuestro destino, que por ahora no es otro que el de Chiapas: un horizonte de dignidad y de cumplimiento del deber”.

LA COMPARACIÓN NECESARIA

Tras varias décadas de gobiernos marcados por la omisión, la irresponsabilidad y la corrupción estructural que saqueó las arcas públicas, viene este pronunciamiento del gobernador Ramírez Aguilar que desde el primer minuto de su administración prioriza la dignidad humana por encima de cualquier interés particular.

Miguel de Cervantes decía que “las comparaciones son odiosas”, pero en este caso es necesario comparar el pasado con el presente para entender la magnitud del cambio.

Nadie puede negar que los chiapanecos venimos de un pasado donde Chiapas fue tratado como un botín político, donde el desorden administrativo y la opacidad permitieron que los recursos destinados a los más pobres terminaran en los bolsillos de unos pocos.

En el sexenio pasado, por ejemplo, ¿qué obra importante se realizó pensando en el beneficio de la sociedad y que sea digna de mención? Ninguna.

Cualquiera puede testificar con conocimiento de causa que a la par del desastre gubernamental también se perdió la autoridad, situación que no sólo dejó en la indefensión a la población sino también agravó la crisis en diferentes rubros, especialmente la seguridad.

En los pasados seis años no se construyeron hospitales y ni siquiera se lograron mejorar los servicios de salud y dotarlos de equipo y medicamentos. Por el contrario, el órgano fiscalizador descubrió un presunto daño a la Hacienda Pública por alrededor de cinco mil millones de pesos.

Y lo mismo puede decirse respecto al sector educativo, el campo, el desarrollo social, la economía, etcétera. En todas esas materias no hay un solo dato acreedor de reconocimiento público.

LA NUEVA ERA DE LA RESPONSABILIDAD

Hoy, en cambio, a año y medio de la administración de Eduardo Ramírez el panorama es radicalmente opuesto.

Por primera vez en la historia reciente, un gobernador chiapaneco lidera los índices de aprobación a nivel nacional con cifras que superan el 73 por ciento de aceptación. Ese número no es más que el reflejo de un respaldo ciudadano que se nace de resultados tangibles y no de promesas incumplidas.

Y los datos de gestión pública hablan por sí solos. Juzgue usted mismo:

Mientras que en sexenios pasados la corrupción y la impunidad eran la norma, el actual gobierno ha implementado un esquema para combatirlos. Como los programas “Cero corrupción” y “Cero impunidad”, llegando a cesar a funcionarios de diversos rangos por andar de mano larga, abusar del poder e incumplir con el propósito del gobierno de la Nueva ERA que es alcanzar la grandeza, dignidad, progreso y bienestar de toda nuestra sociedad.

Por lo mismo, hay avances destacables en la recuperación de la paz social, la seguridad y el Estado de derecho, y avances en materia de alfabetización, seguridad social, apoyo a cadenas productivas, restauración de microcuencas, infraestructura educativa, infraestructura carretera y servicios públicos.

Ahí el motivo de que el eslogan “Humanismo que Transforma” cobre un verdadero significado, ya que ahora el ciudadano sí está en el centro de todas las decisiones.Esta manera de ejercer el poder ha permitido que Chiapas escale al primer lugar nacional en combate a la corrupción según estudios de Factométrica.

En cuanto a seguridad, las noticias de descabezados, embolsados, desaparecidos, asaltos carreteros, et al, dejaron ser parte de la cotidianidad. En los primeros seis meses de este gobierno, Chiapas pasó de ser uno de los estados con mayor zozobra a colocarse como la segunda entidad más segura del país en percepción ciudadana, logrando que municipios como Tuxtla Gutiérrez y Tapachula mejoraran rotundamente sus índices de tranquilidad.

Ahora bien, el enfoque ya no es la inversión centralizada. Con una inversión estratégica de más de 2 mil 694 millones de pesos destinada a mejorar la calidad de vida de los habitantes de los doce municipios históricamente olvidados, el gobierno de Ramírez Aguilar está atacando la pobreza desde la infraestructura, la salud y la educación, rompiendo la inercia del rezago que los gobiernos omisos heredaron. Es lo que el mandatario ha atinado a llamar “prosperidad compartida”.

PROSPERIDAD COMPARTIDA

Por tanto, el compromiso de los integrantes del gabinete actual, con los resultados obtenidos hasta ahora, es el motor mismo de esta transformación.

Ya no se trata de burócratas de oficina, sino de verdaderos agentes de cambio que rigen su actuación bajo un estricto código de ética que exige responsabilidad, empatía y sensibilidad hacia el prójimo. La creación de la Secretaría del Humanismo es el ejemplo institucional más claro de que el bienestar social ya no se trata de un programa aislado, sino es el eje rector de todo el estado.

Enhorabuena, Chiapas está demostrando que, cuando se extirpa la corrupción y se gobierna con compromiso y voluntad política, la prosperidad compartida deja de ser una bonita frase de gobierno para convertirse en una realidad que se siente en las calles y en los hogares.

La convocatoria de Eduardo Ramírez es un llamado a la responsabilidad, sí, pero también un recordatorio de que en esta Nueva ERA el poder sólo tiene sentido si se traduce en justicia social y mejor calidad de vida para todos.

yomariocaballero@gmail.com

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