El mentecato de Salazar y sus sueños guajiros
En política, soñar con gobernar no es un delito; lo cuestionable es convertir esa aspiración en un pretexto para abusar del poder. Cuando un funcionario utiliza el cargo público como plataforma de promoción personal, deja de servir a la ciudadanía para servirse de ella.
¿O quién puede creer que Jovani Salazar realiza sus eventos enmarcados en las funciones de la Agencia Digital Tecnológica del Estado (Aditech)? Solo él lo cree y supone que engaña a su jefe cuando publica en sus redes encuentros con personas mayores o de la tercera edad.
¿No sería más lógico que impulsara actividades relacionadas con la infraestructura tecnológica, que es el verdadero quehacer que le fue encomendado? Por eso, la ciudadanía en redes sociales se pregunta: ¿a quién pretende engañar este sujeto?
El hecho de que el gobernador lo abrace y declare que abordaron proyectos para impulsar a la niñez y a los jóvenes en temas de ciencia y tecnología no significa que sea cierto que Salazar mantenga un liderazgo social en la capital, donde aspira a ser presidente municipal.
Bastaría darse una vuelta por las oficinas de la Aditech para conocer lo que realmente piensan y comentan de él los trabajadores; ni hablar de quienes tuvieron que salir huyendo por la forma déspota con la que se conduce, muy al estilo del Partido Revolucionario Institucional, de donde proviene y del que ahora reniega mientras se presenta como ferviente militante morenista.
A personajes que hacen de la política un negocio personal habría que vigilarlos de cerca y recordarles que no deben utilizar los encuentros oficiales para obtener provecho. Así lo evidenció cuando, minutos después de que el gobernador Eduardo Ramírez publicara una fotografía de sus reuniones periódicas con funcionarios, él insistió en capitalizar políticamente el momento.
Las “solicitudes” de apoyo para difundir dicha imagen en diversos medios impresos y plataformas digitales fueron una encomienda que él mismo encabezó junto con sus allegados. Lo que no entiende —o no quiere entender— es que el liderazgo se construye con trabajo, gestión social y apoyos sin condiciones.
En entrevistas, no ha perdido oportunidad para reiterar que seguirá recorriendo las colonias de la capital con el fin de acercarse a la gente, dar a conocer su proyecto e intentar ganar la presidencia municipal.
Está en su derecho de aspirar a ese cargo; sin embargo, por congruencia política, debería renunciar a su puesto como funcionario estatal. Abusar de su posición y utilizar recursos públicos lo coloca en una situación que vulnera las normas legales.
Asimismo, el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana debería informar públicamente, con nombres y apellidos, a quiénes ha sancionado por actos anticipados de campaña. No cabe duda de que la escuela de Carlos Morales Vázquez sigue siendo un referente para este tipo de prácticas, propias de quienes ignoran que los procesos electorales aún no comienzan.
No es reprochable que aspire a gobernar Tuxtla, pero sí es indispensable que respete las reglas. En ese sentido, el IEPC debe actuar con mayor firmeza y no limitarse a simples amonestaciones.
Resulta incluso risible que Salazar se promueva como uno de los aspirantes con mayor aceptación ciudadana a más de un año de la contienda programada para junio de 2027. La realidad se impondrá cuando el partido en el poder en Chiapas realice sus encuestas y defina a sus candidatos.
Para la capital existen hombres y mujeres capaces de desempeñar un papel digno y contribuir al desarrollo de Tuxtla. Promocionarse desde ahora como el salvador es una aberración que, sin duda, se reflejará en el momento decisivo, cuando la ciudadanía —o la cúpula— tome la decisión.
Solo los ingenuos pueden pensar que Salazar posee “capacidad de organización, visión estratégica y enfoque en resultados”, cuando su historial lo perfila más bien como un “cero votos”, parafraseando el mote atribuido al vocero nacional de Morena, Arturo Ávila, quien no ha ganado una elección en su trayectoria, pese a haber ocupado cargos relevantes como una diputación y diversas responsabilidades en la administración pública federal.
No hay que olvidar que quien cuenta con el respaldo del mandatario puede aspirar; sin embargo, frente a otros verdaderos cercanos al gobernador, Salazar parte en desventaja. Más le valdría apostar por la humildad y el trabajo; quizá así, con tiempo y méritos, pueda concretar su aspiración en futuras contiendas. Porque aspirar es legítimo, pero cada cosa a su tiempo, y nunca a costa del abuso del poder.



