EDITORIAL

Luisa Alcalde cayó de la gracia

La política aldeana no ha cambiado; al contrario, cada vez exhibe que lo único que interesa es perpetuar los cotos de poder que se practicaban cuando gobernaba el Partido Revolucionario Institucional y que hoy, en solo siete años, la Cuarta Transformación, con Morena al frente, pone en práctica sin el menor recelo.

Lo que antes llamaban “ajedrez político” para ir moviendo las piezas y colocar en los puestos públicos a personajes allegados al primer círculo, hoy se opera sin el menor recato, pues ni la simulación ni la cautela son principios que se respeten.

El mejor ejemplo es Luisa María Alcalde Luján, la joven pupila de Andrés Manuel López Obrador, quien la mantuvo siempre en puestos relevantes sin que demostrara el pulso necesario para entregar buenos resultados. La hasta el miércoles dirigente nacional de Morena, a regañadientes, aceptó la “invitación” de la presidenta de México para hacerse cargo de la Consejería Jurídica.

Más allá de los enroques en la administración pública y del contexto político —siempre aliados e inseparables del manejo del sistema en el poder—, la salida de Luisa María la exhibe como un personaje que se resistía a aceptar la decisión de la mandataria mexicana, quien busca reconfigurar el trabajo rumbo a las elecciones de junio de 2027.

La exdirigente de Morena buscó por todos los medios eliminar de la percepción ciudadana el estigma de que su presencia en el partido ya era insostenible, generando más daño que sus propias declaraciones semanales, en las que intentaba contrarrestar los embates de la oposición y de su propio círculo interno.

La cuestionada política no logró sostener su permanencia en la dirigencia a la espera de que fuera el Congreso Nacional de Morena el que determinara su salida. En videos difundidos en redes sociales habló de su permanencia y atribuyó los ataques a la derecha; sin embargo, fue la propia presidenta quien marcó la agenda de su salida, dejando entrever su inconformidad con la manera en que dirigía el partido.

La llegada de Citlali Hernández fue el mensaje más claro de que debía hacer maletas, pero el orgullo pudo más. Solo hasta que la presidenta la evidenció en la conferencia mañanera, “invitándola” a asumir la Consejería Jurídica, Luisa María tuvo que recular mediante un video, agradeciendo la oportunidad, aunque horas antes había declarado que “lo iba a pensar”.

Esta postura refleja lo que ha sido Alcalde Luján, quien, según su historial, no ha destacado en ninguno de los cargos de alto nivel que le otorgó el expresidente López Obrador, como el más reciente: la Secretaría de Gobernación, donde la política interna del país era operada directamente por el propio mandatario.

En realidad, el papel de vocera de Morena que desempeñaba consistía en deslindar y defender los excesos que contradecían la austeridad proclamada por la Cuarta Transformación, negando en todo momento ser igual o peor que lo que practicó el PRI durante más de siete décadas.

Reconoció que Andrés Manuel López Beltrán, Gerardo Fernández Noroña, Ricardo Monreal, Mario Delgado y otros políticos utilizaron grandes cantidades de dinero para asuntos personales, aunque sostuvo que se trataba de recursos propios y no del erario público.

Sin embargo, hasta la fecha Morena no ha podido explicar cómo, por ejemplo, Fernández Noroña pudo adquirir una mansión de más de 12 millones de pesos y realizar viajes al extranjero con todas las comodidades, si su salario difícilmente alcanzaría para cubrir el enganche de una vivienda de ese nivel.

La “justa medianía” no ha sido precisamente una práctica común entre los morenistas de cepa, y la propia exdirigente enfrenta señalamientos por presuntas irregularidades en la fiscalización de más de 2,500 millones de pesos en prerrogativas.

Con su nueva posición dentro del gobierno federal, los momios para que Alcalde sea candidata a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México en 2030 no parecen favorecerla, a pesar de que la presidenta la ha calificado como una figura destacada de la nueva generación impulsada por Morena.

Tampoco se descarta que la presidenta se haya cansado de la influencia de la pareja sentimental de Luisa María, el vocero de Morena, Arturo Ávila, señalado por intervenir en la asignación y promesa de candidaturas rumbo a 2027.

Sea cierto o no, lo ocurrido con la morenista refleja un exceso de confianza en su poder, seguido de una caída abrupta.

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