EDITORIAL

Avisos para Morena

Morena, el partido que hoy concentra el poder político en México, comienza a mostrar señales de desgaste interno. No se trata aún de una ruptura abierta, pero sí de síntomas que, de no atenderse, podrían escalar en el corto plazo. Las recientes salidas y denuncias de actores políticos, aunque no pertenezcan a la cúpula, revelan una inconformidad que ya no puede ocultarse.

Los primeros síntomas de la lucha interna dentro de este instituto se dieron a conocer en Tabasco con Jesús Alí de la Torre, exrepresentante de la Secretaría de Gobernación, quien renunció y denunció la intervención del narcotráfico en el partido; y con Montserrat Caballero, exalcaldesa de Tijuana, quien, a su vez, renunció a Morena bajo el argumento de que el partido ya no es lo que prometía.

Dos dimisiones que muchos dirán no representan a las cúpulas del partido, pero que, en esencia, mandan el mensaje de que las cosas no marchan bien al interior de Morena. Todo ello ocurre a un año de las elecciones intermedias de 2027, donde la gran apuesta es ver si continúa la mayoría en la Cámara de Diputados o si la oposición logra tomar este segmento del Poder Legislativo para hacer contrapeso a las decisiones que se dictan desde el gobierno federal y el Congreso de la Unión.

En Tabasco, Jesús Alí de la Torre no se anduvo por las ramas y denunció que Morena es un partido que tiene alianzas con el crimen organizado. “Violan la ley” y “se burlan del pueblo”, dijo tras difundir un video dirigido a la dirigencia estatal del que fuera su partido. Sostuvo que Morena ha caído en prácticas autoritarias y ha utilizado a la militancia como una “escalera para políticos improvisados”.

En Baja California, la situación es prácticamente una copia fiel. Montserrat Caballero oficializó su salida cuestionando que la “honestidad dejó de ser un principio” y expresó su profunda indignación por cómo “se le ha fallado al pueblo”. Sus diferencias con la gobernadora Marina del Pilar fueron un argumento más para abandonar Morena.

Desde el retiro de Andrés Manuel López Obrador como líder visible de Morena, sus huestes se han dedicado a fortalecer sus grupos y a luchar por apoderarse de espacios clave dentro del sistema político mexicano.

Los conflictos por gobernar estados sin respetar los ordenamientos internos del partido también han sido evidentes. Un ejemplo es San Luis Potosí, donde el gobernador Ricardo Gallardo Cardona pretende “heredar” su cargo a su esposa, Ruth González Silva, actual diputada. Aunque en este caso se trata de un partido aliado de Morena (el PVEM), el hecho es visto como una afrenta.

Morena considera esta situación contraria a los principios que, desde la Presidencia de la República, se han enfatizado en contra del nepotismo. Esta postura incluso derivó en una iniciativa aprobada por diputados y senadores; sin embargo, al parecer, los grupos “duros” de Morena, el Verde y el PT se resisten a respetarla.

Otros casos cercanos y evidentes son el de Zacatecas, donde el diputado Saúl Monreal busca heredar el poder que actualmente ostenta su hermano David, gobernador del estado; y el de Guerrero, donde Félix Salgado Macedonio pretende, aunque lo niegue, relevar en el poder a su hija Evelyn Salgado.

Que, a menos de 14 meses de la celebración de los comicios, salgan a relucir diferencias y dimisiones en Morena —aunque sean de bajo perfil— es un síntoma de que las heridas internas del partido son profundas. Pese a que la dirigente nacional, Luisa María Alcalde, insista en negar fracturas y, por el contrario, presuma los millones de militantes acreditados, conforme se acerque la elección surgirán más casos de inconformidad, especialmente entre quienes no comparten presuntos nexos con grupos criminales.

De hecho, este tema no es nuevo. Lo cierto es que ninguna autoridad se ha encargado de investigar a fondo las denuncias sobre la presunta infiltración del narcotráfico en Morena. Mientras no haya transparencia, continuarán las deserciones del partido, así como los riesgos para quienes se atreven a denunciar estas irregularidades.

En Chiapas, ya se ha visto a varios actores políticos comenzar a moverse y organizar reuniones para formar grupos que los posicionen rumbo a diputaciones o alcaldías. Sin embargo, se les olvida que el partido es encabezado por un liderazgo que, eventualmente, tendrá que relevar a Carlos Molina de la dirigencia estatal, cercano al exgobernador Rutilio Escandón, quien lo impulsó desde el área de comunicación social del Tribunal de Justicia.

Morena no quiere sorpresas, y probablemente no las habrá en Chiapas; sin embargo, como medida preventiva, en algún momento se dará el relevo en la dirigencia estatal.

Lo cierto es que, si Morena no quiere enfrentar mayores sobresaltos, tendrá que actuar con firmeza y atender los llamados de sus bases para transparentar el actuar de sus militantes.

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