EDITORIAL

Destapan cloaca del rata de Carlos Morales Vázquez

Los tuxtlecos tuvieron una Semana Santa de pesadilla. Los cientos de hogares se quedaron sin el suministro de agua potable por la irresponsabilidad de quien fuera el presidente municipal de la capital chiapaneca, Carlos Morales Vázquez.

Durante la gestión de este defraudador alcalde, gestiones 2015-2018 y 2018-2024, las corruptelas fueron evidenciadas por los medios de comunicación, entre ellos esta casa editorial que le dio seguimiento a cada acto de corrupción como las cuentas públicas sin pies ni cabeza o el negocio de su administración: la compra de contenedores de basura a sobreprecio, con una tramposa negociación con Proactiva, en su momento, hoy llamada Veolia, la empresa encargada de recoger los desechos.

A pesar de que ya tiene más de un año y medio de haber dejado el poder, Carlos Morales Vázquez sigue siendo un “clavo en el zapato” para con la sociedad tuxtleca, donde sus actos de corrupción siguen apareciendo como por acto de magia.

Su nombre parece que se empeña en seguir apareciendo como un acto maligno, propio de un ser que raya en la aberración, tanto que sus rasgos de crueldad y maldad se reflejan cada día en su rostro.

El mero Viernes Santo, el presidente de Tuxtla Gutiérrez, Ángel Torres Culebro, durante una de sus trasmisiones en vivo que difundió a través de sus redes sociales, desde una zona del Cañón del Sumidero, denunció que el colapso de la red de agua potable que dejó sin servicio a toda la capital, fue por la irresponsabilidad de quien fuera su alcalde antecesor, quien no pagó 900 millones de pesos que estaban planificados para realizar mantenimiento a la red de agua y para otras obras prioritarias.

Cierto que no citó el nombre del que fuera alcalde, pero manifestó su molestia por este caso, donde la que paga los platos rotos es la ciudadanía. Y no es para menos, pues lo que prefirieron quedarse en casa por motivos de seguridad o porque no había dinero para “vacacionar”, sufrieron por no poder poner su alberca para sus hijos o mínimo un chapoteadero inventado que hubiese dado momentos de relax a la familia.

El presidente municipal, sin citar a Morales Vázquez, lo acusó de no pagar la deuda de 900 millones de pesos que estaban etiquetados. La gran pregunta es dónde está ese dinero, se esfumó y ahora el ayuntamiento capitalino tendrá que buscar cómo pagarlo.

El presidente municipal está obligado a presentar una denuncia de hechos, que se investigue dónde quedó ese dinero y porqué el ayuntamiento que encabezaba Morales Vázquez se negó a pagar un dinero que ya estaba predestinado.

Como siempre, el pueblo tiene que sufrir lo que su autoridad se roba, porque no hay otra definición que se le pueda dar a este acto de corrupción que cometió en detrimento de los tuxtlecos.

Fueron siete días sin agua, fue una semana en la que las familias tuvieron que invertir lo no planeado en comprar agua a través de las pipas, pero, además, fue un viacrucis porque el agua es básico, elemental, y como siempre, acá no hay culpables y si los hay, gozan de cabal de salud.

Casos como este son una afrenta para el ciudadano, es un caso más de que la política y los políticos siguen burlándose de los que menos tienen, de quienes no alzan la voz porque si lo hacen son acallados.

No se vale que hoy Carlos Morales Vázquez, después de hacer su gestión un cochinero, siga encumbrado en el poder, valiéndole madre que con sus acciones de corrupción pisotee la dignidad de los tuxtlecos. Se imaginan que vuelva a buscar la presidencia municipal, como lo ha insinuado ya a través de sus acciones disfrazadas de acciones institucionales.

Las desgracias para Tuxtla no terminan y a pesar del tiempo transcurrido, sigue destapándose la cloaca del rata oriundo de Ocozocoautla.

El lunes, en sus redes sociales, de manera infantil, el ex alcalde Carlos Morales Vázquez, salió con la batea de babas de que no es su culpa, pero si no es así, por qué no dijo ni una sola palabra dónde quedaron los 900 millones de pesos. Deslindarse no significa que no tenga culpa, sino una forma estúpida de intentar ocultar que sus seis años fueron un total fracaso.

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