EDITORIAL

La Semana Santa también se gentrificó

No cabe duda que el afluente de turistas internacionales en estas fechas generará una derrama económica sin igual, tanto para Chiapas como México; lo cierto es que los municipios, sitios o estados que tienen una gran demanda por parte de los visitantes nacionales e internacionales, ya alistaron sus operativos y de cierta manera, realizaron gestiones para generar publicidad.

Ya hemos destacada la relevancia de la pacificación en Chiapas para que, al menos en estas fechas los sectores empresariales y turísticos, principalmente, se vean beneficiados.

Si bien la oferta turística en Chiapas y México es basta, esto ha ocasionado varios problemas, uno de ellos, sobre todo en estas fechas se acentúa: la gentrificación.

El turismo internacional, si bien puede generar ganancias exorbitantes a muchos sectores, lo cierto es que su presencia y más aún cuando deciden realizar estancias largas o deciden asentarse, generan un problema para los locales, encareciendo los costos de los productos, sobre todo aquellos que eran propio de la región y de los bienes inmobiliarios, complicando el acceso a la vivienda, que de por sí ya es poco asequible.

Precisamente, duranta la temporada de vacaciones, cada día los centros vacacionales, las playas y demás centros ecoturísticos de gran relevancia internacional encarecen sus accesos: basta revisar hace unas décadas lo barato que era ir a Cancún o demás playas en el sur de México, y ahora, con la presencia de extranjeros norteamericanos y europeos, las playas han sido privatizadas.

Si bien esta temporada de vacaciones, según la iglesia y demás credos judeo-cristianos, es de reflexión religiosa o espiritual, lo cierto es que esto al final de cuentas es una temporada mercantil, donde lo peor de cada individuo de la sociedad reluce.

En las vacaciones de Semana Santa de 2024, se hizo viral el caso de un dueño de un hotel en Mazatlán, Ernesto Coppel, quien manifestó molestia, ya que turistas locales pusieron música regional o de banda, mientras en su establecimiento realizaban esas prácticas de las mal llamadas “falsas espiritualidades”; desde luego, este hecho enardeció a los internautas, quienes no son tan afines a ese tipo de música que consideran un gusto culposo, pero respaldaron lo hecho por los locales, ya que al final de cuentas ellos no vienen a imponernos reglas.

También, en 2025 y en 2026, se presentaron casos donde turistas extranjeros se incomodaron por la música que tocaban los locales ¿Acaso ellos tienen autoridad moral para criticar nuestros usos y costumbres? Claro, estos comentarios, aparte de clasistas, demuestran el espíritu colonizador de europeos y norteamericanos sobre nuestra cultura.

Por cierto, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, no canta mal las rancheras, desde hace tiempo los extranjeros hippies se han apoderado de los locales y mercaditos, amedrentando a los propios habitantes y hasta cobran derecho de piso a los indígenas que comercian en ciertos bazares que están en las plazas públicas.

¿Hasta cuándo vamos a permitir que los extranjeros vengan a mandarnos? Lo que debería ser un momento de paz espiritual, al menos desde el punto de vista religioso, o para el resto de la población, un asueto o vacaciones, termina mostrando lo peor de la sociedad y las intromisiones de intrusos que solo nos usan como artesanías.

La presencia de extranjeros no es mala, fortalece el intercambio cultural, pero permitir que impongan sus leyes, normas o costumbres, a costa de mermar la identidad o en caso de que encuentren atractivos nuestros valores o patrimonio cultura, vienen a lucrar con ellos, como si se tratase de mercancía exótica.

Entonces ¿De qué manera la afluencia del turismo internacional no debe generar cambios abruptos en los locales?

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