Paz con principios, firmeza sin temor

Por Ana Laura Romero Basurto 

En el servicio público, como en la vida, la primera elección siempre debe ser la paz. La paz entendida no como silencio complaciente, sino como equilibrio, legalidad y respeto al orden institucional. La paz es el camino de quienes gobiernan con conciencia, de quienes creen en el diálogo, en la ley y en la justicia como herramientas de transformación.

Pero también es cierto: cuando la paz es amenazada por intereses que buscan perpetuar privilegios, la firmeza deja de ser una opción y se convierte en un deber. 

Hoy, en Chiapas, vivimos una Nueva ERA impulsada por el liderazgo del gobernador, Dr. Eduardo Ramírez Aguilar, donde el combate a la corrupción no es discurso, es acción. Y esa acción implica tomar decisiones que incomodan a quienes durante años encontraron en el desorden, la opacidad o los beneficios indebidos, una forma de operar. 

En ese contexto, el gobernador ha dado un paso histórico: la decisión de certificar bajo la Norma Internacional ISO 37001 Antisoborno a las áreas más sensibles del gobierno, particularmente salud e infraestructura, estableciendo controles estrictos, mecanismos de prevención y una cultura institucional basada en la integridad. Esto no solo fortalece los procesos, sino que envía un mensaje claro: en Chiapas, la corrupción no tiene cabida.

Desde la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno, hemos optado por el camino correcto: privilegiar el diálogo, construir acuerdos y fortalecer la legalidad. Sin embargo, también hemos sido firmes: no habrá espacio para la simulación, ni tolerancia para prácticas que dañen al pueblo. 

La corrupción no es un error administrativo, es una traición a la confianza ciudadana. Y frente a ello, no basta con buenas intenciones; se requiere carácter, determinación y una convicción inquebrantable. 

Como enseña el estoicismo, no controlamos las reacciones de los demás, pero sí nuestras decisiones. Y nuestras decisiones están alineadas con un principio innegociable: hacer lo correcto, aunque incomode, aunque enfrente resistencias. 

Hoy más que nunca, elegimos la paz… pero una paz con dignidad, con justicia y con orden. 

Y si en el camino hay quienes deciden confrontar los cambios que Chiapas necesita, no habrá titubeos: actuaremos con toda la firmeza que la ley y el deber nos exigen. 

Porque gobernar no es evitar conflictos, es resolverlos con integridad. 

Y en Chiapas, bajo el principio del lekil kuxlejal —el buen vivir en armonía con el pueblo y la verdad—, la paz no es debilidad: es justicia firme; y la firmeza no es confrontación: es amor profundo por Chiapas. 

Aquí no hay marcha atrás: hay convicción, hay rumbo y hay un compromiso inquebrantable con un Chiapas libre de corrupción.

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