Cuba será el trofeo dorado de la administración de Donald Trump
La detención del expresidente de Venezuela, Nicolás Maduro, dejó en claro la posición del mandatario de Estados Unidos, Donald Trump, para que el país que dirige se colocó como “los protectores de la paz y el orden” en el mundo, tal y como lo han reforzado sus películas de acción en la gran pantalla.
Ahora, se suma la crisis de Cuba, que durante la Guerra Fría fue un punto de inflexión para el “Gigante americano”, ya que permitir el avance comunista en una colonia o protectorado, y sobre todo con la “Crisis de los misiles”, estaban en el blanco de su enemigo; de todos los imperios de la humanidad – si así podríamos decirlo- Estados Unidos pocas veces fue tomada por sus enemigos o ejércitos invasores, con excepciones como lo fue durante la guerra con México en el siglo XIX y el bombardeo en Pearl Harbor a manos de los nipones, lo que hizo que se involucrara en la Segunda Guerra Mundial.
Lo cierto es que el triunfo de la Revolución Cubana y la derrota en Vietnam, puso a temblar a los yanquis, que desesperadamente lanzaron su temido “Plan Cóndor”, que evitó a toda costa la consumación del gobierno democrático de Salvador Allende y la instauración de la dictadura de Augusto Pinochet, lo que favoreció al neoliberalismo de Margaret Tacher y Ronald Reagan en los ochenta.
En este sentido, debemos reconocer lo hecho por México y la Doctrina Estrada, para ser solidario con Cuba, durante estas décadas; claro, con la deshonrosa excepción con Vicente Fox y el “comes y te vas”. Casi siempre México, le brindó la mano al país caribeño y por consecuencia la relación entre ambos ha fortalecido un lazo cultural significativo.
Tal parece que el propio Trump quiere hacer realidad los sueños imposibles de sus predecesores: retomar y someter a Cuba; en los sesenta fue imposible y durante finales del siglo XX y parte de lo que va del XXI, el país caribeño por mucho tiempo se volvió el “apestado” de las cumbres, foros o reuniones internacionales, bajo la constante amenaza de Estados Unidos ejerciera sanciones o bloques comerciales a quienes le brindaran ayuda.
Donald Trump al parecer está empecinado en parecerse a Ronald Reagan; ese actor de películas vaqueras que inesperadamente llegó a la presidencia de Estados Unidos, siendo su elección más un chiste que un acto político; lo cierto es que logró consolidar la teoría política de Milton Friedman (el padre del neoliberalismo) y de los “Chicago boys”.
En su primera vuelta el magnate se vio superado por la pandemia de Covid-19 y sus amenazas xenófobas fueron tomadas como un mal chiste; pero, en este segundo periodo, las cosas fueron distintas, el primer aviso fue con los aranceles, luego con las intromisiones en Medio Oriente, la alianza con los países latinoamericanos y del Caribe para combatir el narcotráfico, la invasión a Venezuela y ahora el apagón de Cuba, nos deja en claro que su frase: “Hacer grande a América”, va en serio.
Cuba por décadas ha tenido que sortear el bloqueo comercial y veto de Estados Unidos frente al resto del mundo, pero ahora sin aliados o con las amenazas de que, si otras naciones le brindan ayuda, serán castigadas.
El apagón que está enfrentando, es una presión que ya está tomando rumbo: primero el pueblo, que ha sido sometida por la dictadura de la familia Castro y sus allegados, la miseria y el atraso en que fue sumida desde 1958, la hambruna y las desigualdades que acentuó en estas seis décadas, al igual que los venezolanos, los cubanos ven en Trump a un salvador, mismo que les cobrará con intereses ese favor.




