Mario Caballero
No tiene llenadera
Me parece que el título de esta columna no le hace justicia a lo que usted leerá enseguida. Juzgue usted mismo.
Distintas fuentes confirman que Carlos Morales Vázquez, quien ha aparecido tantas veces en este espacio por las peores razones, pasó de saquear las arcas de la capital Tuxtla Gutiérrez a lucrar a costillas de los empresarios del sector turístico de la costa de Chiapas.
¿Cómo le hace Carlos Morales para dormir tranquilo? Mejor todavía, qué lo mueve a pasar por encima de la ley, pisotear los derechos de los demás y abusar del poder sin ningún remordimiento, ¿el vil lucro o es que la delincuencia es parte de su naturaleza? Pues dependencia que cae en sus manos, dependencia que saquea o utiliza para enriquecerse.
TRAICIÓN Y OPORTUNISMO
No es que trate de entender la psique de Carlos Morales o hacer un diagnóstico de su comportamiento, sino sólo dejar en claro que tras las denuncias recientes de corrupción en su contra, ahora que se ostenta como encargado de la Oficina de Representación Estatal de la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR), él mismo se ha encargado de que nadie espere otra cosa de su desempeño. Cosa que bien vale la pena mencionarlo.
En 1995, por ejemplo, cometió la bajeza más grande de la que se tenga memoria en Chiapas.
En ese momento, Morales Vázquez tenía 31 años y era diputado local por el PRI. El Congreso del Estado tenía que elegir al sucesor de Eduardo Robledo Rincón, quien había sido obligado a renunciar al cargo tras apenas 69 días de haber asumido el Gobierno de Chiapas.
Robledo Rincón, sin embargo, alistó todo para que en su lugar los diputados locales eligieran a Plácido Morales Vázquez, hermano de Carlos, pero aquella tarde un voto fue el que decidió que Julio César Ruiz Ferro fuera nombrado gobernador interino, puesto que desempeñó durante el periodo 1995-1997.
Ese voto fue el de Carlos Morales, quien según había negociado una serie de privilegios y prebendas políticas para traicionar a su propio hermano.
En 2006, ya en las filas del PRD, negoció su candidatura a la presidencia municipal de Tuxtla Gutiérrez. De este modo, Jaime Valls Esponda obtuvo la postulación y se convirtió en alcalde de la capital.
Carlos Morales, por otra parte, consiguió ser diputado federal, la administración del Centro de Convenciones para su hermano Jorge, quien siempre ha sido su operador financiero de confianza, y dos regidurías, una de las cuales fue para su fotógrafo Alexis Sánchez, quien fue su director de Comunicación Social durante sus dos trienios como alcalde de Tuxtla.
En 2012, tras perder su segundo intento por alcanzar la presidencia municipal capitalina, volvió a negociar su derrota. Esta vez con el exgobernador Manuel Velasco Coello, quien le entregó la titularidad de la Secretaría de Medio Ambiente e Historia Natural.
Todas las obras realizadas por esta dependencia fueron asignadas a empresas presuntamente ligadas a su familia, donde su hermano Jorge fue el encargado de asignar los contratos y supervisar las obras.
Aparte, estuvo acusado de desvío de recursos públicos, tráfico de influencias y nepotismo. A su sobrino Enrique Morales lo nombró director de Protección Ambiental; a su primo Pablo Morales, asesor; su sobrino Junior Morales, director de Sistemas y su yerno René Alcocer fungió como su asistente.
Durante los seis años de su presidencia municipal (2018-2024), colocó a sus sobrinos en puestos clave; su hermano Jorge volvió a ser su operador financiero, quien se encargó principalmente de repartir los contratos de obra pública entre las empresas constructoras ligadas a su familia; protegió a funcionarios acusados de acoso sexual; tuvo negocios sospechosos con la empresa Veolia, a la que le entregó más de 500 millones de pesos sin ninguna justificación contractual, y fue acusado de desviar cientos de millones de pesos del erario municipal. Al respecto, la Auditoría Superior del Estado, tan sólo en la revisión de la Cuenta Pública de 2023, descubrió un presunto desfalco por más de 223 millones, entre obras con vicios ocultos, gastos sin comprobar y deficiente control interno.
RAPACERÍA Y ABUSO
Por eso, ¿cómo esperar algo diferente de Carlos Morales si el atraco y el abuso de poder ha sido su estilo de vida?
Bueno, en su nuevo encargo una de sus primeras acciones fue nombrar como representante de la Semarnat a su compinche el exsecretario de Movilidad y Transporte estatal, Aquiles Espinosa García, al que quiso imponer como su sucesor en la presidencia municipal en 2024, y a Jorge Enrique Zapata Nieto en la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA), quien fue su consejero jurídico en la alcaldía tuxtleca.
Fiel a su costumbre, Carlos Morales hace que otros se manchen las manos en su lugar. Por lo mismo, a través de Zapata Nieto ha ordenado clausurar cuanto negocio esté ubicado sobre la Zona Federal Marítimo Terrestre y en los Terrenos Ganados al Mar, bajo el pretexto de verificar si operan en la legalidad.
Estos establecimientos son especialmente restaurantes, hoteles, palapas y albercas privadas, a los que ha multado con cifras excesivas y que afectan de gravedad la subsistencia de los locales.
Inclusive, hay información de que tras este abuso se han perdido cientos de fuentes de empleo y hay pérdidas millonarias diarias para las comunidades que viven del turismo.
Empero, la tranza no acaba ahí, ya que la ganancia es por partida doble. Por un lado, cobra las multas impuestas a estos negocios y, por el otro, exige que los propietarios hagan sus trámites de regularización en los “despachos ambientalistas” representados por presuntos prestanombres de Carlos Morales Vázquez.
No es todo. Zapata Nieto también ha multado a plantas extractoras de palma de aceite, lo cual ha traído consecuencias económicas para productores, trabajadores y cientos de familias que dependen de esta producción y comercialización.
En noviembre pasado, integrantes de la Unión de Ejidos de Suchiate “David Reyes González” pidieron la intervención de la presidenta Claudia Sheinbaum para la destitución de Zapata, ya que de manera arbitraria colocó sellos de clausura en la maquinaria que realiza trabajos en el río Suchiate y en el sitio de derivación del agua de mencionado afluente.
Esta arbitrariedad impidió el riego de una superficie de 7 mil 580 hectáreas, que tuvo como consecuencia la pérdida de muchos millones de pesos para los productores que tienen la autorización de la Comisión Nacional del Agua para derivar el agua del Suchiate, con la que riegan los cultivos correspondientes al Distrito de Riego 046.
Y la corrupción de Carlos Morales sigue, a tal punto de haber llegado a coaccionar al alcalde de Tapachula, Yamil Melgar Bravo, al que le exige contratar los servicios de la empresa “Ingeniería Civil-Ambiental”, representada por Hugo Alejandro García Gómez, en la que se dice tiene participación, para que sea ésta la que realice los estudios de clausura del actual basurero municipal y haga el diseño del nuevo Relleno Sanitario Intermunicipal del Soconusco.
En fin, haber puesto a Carlos Morales a cargo de la Conafor fue como poner a Drácula a cuidar el banco de sangre. Se sigue hinchando de dinero bajo sospecha, igual que su secuaz, Zapata Nieto, quien tiene un lujoso departamento en las exclusivas Torres Kaan, en Tuxtla Gutiérrez.
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