CFE de Chiapas, luz y sombra
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La generación de energía hidroeléctrica de Chiapas es un bastión económico del país que no se ve reflejado con justicia en el pueblo de esta entidad sureña. La abundancia de agua, bien aprovechada para alumbrar al 44 % del territorio nacional, no solo es extraordinaria, sino digna de enaltecerse; sin embargo, esta región, que se anexó a México hace más de 200 años, permanece abandonada por el centro del país.
Nadie en su sano juicio dirá lo contrario: Chiapas sigue rezagada y olvidada. Por ello, en muchas comunidades y municipios la población ha asumido el derecho a vivir en resistencia contra la Comisión Federal de Electricidad. No pagan el servicio y, si alguien se atreve a cortarles el suministro, la autoridad no logra resolver la situación. Es tal el coraje de la población más olvidada que la CFE ha entendido que pierde más al “aplicar la ley” que al dejar las cosas en paz.
De hecho, en términos numéricos la CFE no pierde: la plusvalía que generan las presas de Chiapas es tal que la institución —erróneamente llamada paraestatal— sobrevive sin problemas gracias a la venta de energía hidroeléctrica a poco más de 50 millones de viviendas en México.
Las centrales Manuel Moreno Torres (Chicoasén), Nezahualcóyotl (Malpaso), Belisario Domínguez (La Angostura) y Ángel Albino Corzo (Peñitas) son las grandes obras que administran el agua de este prodigioso territorio.
Sin embargo, bastaría un recorrido para conocer la situación precaria en la que viven cientos de familias que habitan alrededor de estas obras de ingeniería. Al inicio de su construcción fueron reubicadas, ya sea de forma voluntaria o mediante la expropiación de terrenos afectados por los embalses.
Hoy sabemos que su condición de pobreza no ha mejorado y que, paradójicamente, siguen padeciendo la falta de agua aun estando a metros de las presas. Un caso concreto es el de los municipios de Chicoasén, Usumacinta, Tecpatán y Copainalá, donde la escasez es un martirio para la población, y, en consecuencia, no han faltado las protestas para que la autoridad municipal resuelva el problema.
Quienes sí pagan el servicio se quejan de que las tarifas son tan elevadas que no deberían aplicarse en una entidad generadora de energía. En este punto es pertinente señalar el oportunismo de varios “candidatos que prometen todo” para obtener tarifas preferenciales de la CFE.
El cinismo queda en evidencia cuando, tras recibir el voto y ocupan una curul en el Congreso de la Unión o en el Congreso local, olvidan las promesas, se hacen los desentendidos y ya no se les vuelve a ver.
No obstante, resulta gratificante leer que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) destaca la importancia del estado en el sector hidroeléctrico, pues la cuenca del río Grijalva alberga un complejo de cuatro presas vitales para la red nacional, y a ello le agregaríamos sin beneficio para Chiapas.
Si a ello se suma la construcción de la hidroeléctrica Chicoasén II, Chiapas aumentará su potencial de manera significativa; pero ¿a qué costo? Esa es la pregunta clave, pues la población no percibe progreso en sus comunidades.
Quizás por eso los alcaldes de las principales ciudades de Chiapas, ante sus crisis económicas derivadas de malos gobiernos locales, han preferido no liquidar sus adeudos con la CFE, bajo el argumento de que la Comisión no tiene el derecho moral de dejar a oscuras ciudades deudoras como Comitán, Berriozábal, Villaflores, Chiapa de Corzo y Cintalapa, entre otras.
Hace falta una revisión a fondo del problema del suministro eléctrico en algunas zonas de Chiapas, pero también es necesario que una voz con autoridad haga frente a la Federación para exigir que la CFE devuelva a Chiapas lo que tanto le ha dado a México. Es lo menos que se puede pedir.




