Cafetómano.

Bernardo Figueroa.

El auditor que convirtió la ceguera en método

Si en los tiempos de Rutilio, la Auditoría Superior del Estado de Chiapas hubiera sido una persona, hoy podría presumir un expediente clínico impecable: nunca vio nada. Ni desvíos, ni irregularidades, ni malos manejos. Nada. Absolutamente nada. Y al frente de esa institución, durante ese periodo de prodigiosa “pureza administrativa”, estuvo Uriel Estrada Martínez, hoy diputado local, ayer Auditor Superior del Estado.

Bajo su gestión, Chiapas vivió —según los informes oficiales— una especie de utopía financiera. La Secretaría de Salud funcionaba como un reloj suizo; la Secretaría de Educación administraba recursos con pulcritud escandinava; Infraestructura era sinónimo de eficiencia; y los ayuntamientos, ejemplos de honestidad republicana. Todo cuadraba. Todo cerraba. Todo era perfecto… en el papel.

El problema es que la realidad llegó tarde, pero llegó con números, con cifras duras y con un sello incómodo: el de la Auditoría Superior de la Federación (ASF). Y ahí se acabó la fantasía. La ASF ubicó a Chiapas en un lugar destacado a nivel nacional por irregularidades y presuntos desvíos de recursos federalizados en la Cuenta Pública 2024, con un monto que supera los 1,500 millones de pesos.

No estamos hablando de errores administrativos menores ni de fallas de captura: hablamos de un boquete financiero monumental, con una concentración particularmente grave en el sector salud, justo uno de los intocables durante la gestión del auditor que “nunca encontró nada”, tal cual como el Lonje Moco: “Nadie sabe, nadie supo”.

Pero la terrorífica historia no termina ahí. Como si fuera una burla directa a la Auditoría estatal, la ASF informó recientemente que detectó irregularidades por 77.55 millones de pesos en la Secretaría de Educación, también correspondientes al ejercicio 2024. Educación, otra dependencia que pasó limpia, inmaculada y sin mácula por los informes de la ASE. Entonces la pregunta deja de ser retórica y se vuelve ofensiva para la inteligencia pública: ¿Cómo es posible que la auditoría federal encuentre miles de millones en irregularidades donde la auditoría estatal solo vio eficiencia y buenas prácticas?

Hay tres explicaciones posibles, y ninguna favorece al Lonje Moco. La primera: incompetencia técnica. La segunda: complacencia política. La tercera —la más grave—: encubrimiento sistemático. Elija usted la que prefiera. Todas conducen al mismo resultado: un fracaso institucional con consecuencias reales para los chiapanecos.

Porque mientras la ASE firmaba cuentas “limpias”, en hospitales faltaban medicamentos; mientras validaba ejercicios presupuestales “correctos”, se acumulaban observaciones federales; mientras el auditor se sacaba los mocos de la nariz, el dinero público tomaba caminos creativos. La ASE no fue contrapeso, fue alfombra. No fiscalizó, legitimó. No auditó, acompañó.

UN DESEMPEÑO HORRIBLE, ¡HORRIBLE!

Hoy, Uriel Estrada Martínez ocupa una curul desde donde sigue reescribiendo la horripilante historia de omisiones. Pero su pasado inmediato no es un detalle menor: fue auditor cuando se gestaron muchas de las irregularidades que hoy indignan y escandalizan. Su silencio de entonces pesa más que cualquier discurso actual. Porque en fiscalización, callar es permitir, y permitir es ser parte del problema.

Resulta incluso cínico que quien tuvo en sus manos la responsabilidad de detectar y prevenir el mal uso de los recursos públicos, ahora se presente como un actor político más, sin rendir cuentas sobre por qué la ASF sí vio lo que él nunca quiso —o pudo— ver. La ASF sí detectó, y el Lonje Moco, nada sabe y nada supo.

En Chiapas, la corrupción no siempre se impone a golpes; muchas veces avanza gracias a la omisión elegante, al informe cómodo, a la auditoría hecha para no molestar. Y si algo demuestran los datos federales es que la Auditoría Superior del Estado fue todo menos superior. Porque, al final, no hay mayor simulación que la del auditor que presume cuentas limpias mientras el Estado aparece en los primeros lugares nacionales por desvíos millonarios.

Y no hay ironía más cruel que esta: el mayor legado del auditor Uriel Estrada Martínez fue institucionalizar la ceguera. Su trabajo como auditor: “¡Fue horrible! ¡Fue horrible!”, y su trabajo como diputado, es igual de horrible. En política, no ver no exonera. No auditar no absuelve. Y fingir que no pasó nada, cuando los números gritan lo contrario, también es una forma de corrupción.

AUDITORÍAS 2026.

La notificación de auditorías estratégicas 2026 al Gabinete Legal y Ampliado por parte de la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno (SAyBG), encabezada por Ana Laura Romero Basurto, no es un trámite administrativo más: es una señal política clara y un mensaje institucional directo. El combate a la corrupción no puede seguir siendo reactivo, mediático o selectivo; debe ser oportuno, planificado y preventivo.

Durante años, las auditorías fueron entendidas como instrumentos punitivos que llegaban tarde o como represalias, cuando el daño ya estaba hecho y los recursos públicos diluidos. Bajo ese esquema, la corrupción se normalizaba y la impunidad encontraba terreno fértil. Hoy, la lógica es distinta: auditar sin distinción es gobernar mejor.

Las auditorías estratégicas, bien diseñadas, permiten detectar irregularidades administrativas, malas prácticas, desviaciones presupuestales y riesgos operativos antes de que escalen en escándalos o en responsabilidades penales. Su verdadero valor no está únicamente en sancionar, sino en corregir, prevenir y fortalecer los procesos internos de las dependencias públicas.

En ese sentido, la actuación de la SAyBG bajo la conducción de Romero Basurto coloca el énfasis donde debe estar: en la prevención como eje central del combate a la corrupción. Auditar obliga a los titulares de las dependencias a profesionalizar su gestión, a documentar decisiones, a respetar los marcos normativos y, sobre todo, a entender que el ejercicio del poder público ya no es un espacio de discrecionalidad absoluta.

Además, estas acciones generan un efecto disuasivo fundamental. Cuando los servidores públicos saben que habrá revisiones técnicas, periódicas y con metodología clara, se reduce la tentación del abuso, la simulación y la opacidad. La corrupción florece en la ausencia de controles, no en su implementación.

Desde una perspectiva de buen gobierno del gobernador Eduardo Ramírez, las auditorías estratégicas también fortalecen la confianza ciudadana. La sociedad no exige discursos grandilocuentes, sino instituciones que funcionen, que revisen, corrijan y sancionen con imparcialidad. La transparencia y la rendición de cuentas no se proclaman; se ejercen.

Quien ocupa un cargo público debe asumir que ser auditado es parte natural del servicio público, no una persecución política ni un castigo anticipado. La planeación de auditorías para 2026 demuestra visión institucional y compromiso con un modelo de administración pública más ética, más profesional y cero tolerante a la corrupción. En un contexto donde la exigencia social es cada vez mayor, prevenir la corrupción no es solo una obligación legal, sino una responsabilidad moral con el Estado y con la ciudadanía.

Desde el Café: Por cierto, parte de la gavilla del Lonje Moco se logró incrustar a la nómina de la Nueva Era sin ningún pudor; quien fuera el secretario particular de Uriel en la ASE, hoy es el director de Planeación Ambiental y Ordenamiento Ecológico Territorial en la Secretaría de Medio Ambiente e Historia Natural, y ahora resulta ser el protegido de Malena Torres… Nos dicen que Antonio Santos ya despidió a Ophir Alejandre, quien era su secretario particular. El pretexto para darle las gracias, fue haber pedido ser delegado federal después de que le quitaron la licencia de vuelo en el aeródromo del Ayuntamiento de Tuxtla Gutiérrez. El verdadero motivo, es que un familiar muy pero muy cercano del exparticular de Toño Santos, enfrenta un proceso legal de carácter penal muy delicado… Marco Antonio Barba Arrocha, secretario del Campo, Luis Pedrero González, secretario de Economía y del Trabajo, y María Amalia Toriello Elorza, secretaria de la Frontera Sur, participaron en la reunión de Clústers Agroindustriales que preside Mauricio Pariente Monter, donde se analizó el potencial productivo de Chiapas y sus oportunidades inmediatas… Ahora que se puso de moda que los segundos les tiran a las cabezas, la siempre enamorada María Raquenel Portillo anda promoviendo derrocar a María Amalia Toriello, para poner a su amigo Carlitos, quien dejó de ser Torito para ser del clan de las trompuditas… El secretario de Salud, Dr. Omar Gómez Cruz, acompañó al gobernador del Estado Eduardo Ramírez, en la supervisión de la ampliación de la Unidad de Salud IMSS-Bienestar en Acapetahua, una obra que fortalecerá la atención médica y beneficiará a más de 15 mil personas. También, en ese municipio, el gobernador Eduardo Ramírez supervisó la construcción del puente “Doña María”, en el que se invierte más de 30 millones de pesos para beneficiar a 26 mil habitantes… Que un Caballo de la Secretaría de Finanzas quiere independizarse y crear su propio establo como en los tiempos de Albores Guillen; bajo lo oscurito, cabildea la creación de su instituto… Óscar Alberto Aparicio Avendaño, Secretario de Seguridad del Pueblo, participó en la mesa de “Diálogos por la Integridad: hablando de Cero Corrupción, Cero Impunidad”, quien destacó que la seguridad también se construye con integridad, honestidad y compromiso social…

Para terminar: “Para corregir no hay que temer. El peor maestro es el maestro con miedo”. Lo dijo Gabriela Mistral.

Son cuestiones del oficio, sigue sin ser nada personal.

cafetomano@hotmail.com

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