Letras Desnudas

Mario Caballero

¡QUÉ POCA ABUELA!

De veras que hay personas que parecen haber nacido de una abuela porque madre no tienen… ni tantito.

Lo digo por Carlos Molina Velasco y Sergio Alejandro Aguilar Rivera, quienes hace unos días llevaron a cabo una supuesta asamblea informativa con otros militantes de Morena para –según ellos- fortalecer el movimiento de la 4T, recalcando la importancia de la no intervención, la autodeterminación de los pueblos y la solución pacífica de los conflictos.

Vaya cinismo. Se llenan la boca con temas que ni siquiera conocen. Carlos Molina, de hecho, apenas concluyó la secundaria y por su escaso vocabulario es seguro que nunca ha abierto un libro, ni por error. Así que escucharlo disertar sobre la autodeterminación de los pueblos, es una contundente lección de vida de que nunca debe subestimarse la estupidez humana.

Empero, la desvergüenza de estos dos sujetos va más allá de proclamarse defensores de los principios de “no robar, no mentir y no traicionar”. Puesto que se han atrevido incluso a llamarse fieles promotores de la Nueva ERA. Eso, con el perdón de usted, es no tener madre.

Ambos vienen del gobierno de Rutilio Escandón Cadenas, ese que saqueó las arcas de Chiapas, condenó a la pobreza a miles de familias y entregó el estado en manos de crimen organizado.

Ambos, asimismo, le quemaban o le siguen quemando incienso al llamado “ceja güera”, el exdiputado local Ismael Brito Mazariegos, quien solicitó licencia hace alrededor de un año para retirarse del cargo legislativo y así no tener que plantarle cara a la justicia por los daños que cometió contra la sociedad chiapaneca.

Peor todavía, tanto Molina como Aguilar Rivera son dos casos terribles de falta de credibilidad pública. Juzgue usted mismo.

MOLINA VELASCO

En el caso de Carlos Molina Velasco no se puede siquiera alegar méritos profesionales porque, como lo mencionamos líneas arriba, a duras penas logró concluir la secundaria. Más bien su éxito monetario actual es producto de las complicidades que sostuvo con varios funcionarios del gobierno anterior.

Su carrera empezó en el Poder Judicial del Estado, durante el periodo de Rutilio Escandón Cadenas como presidente.

Su función, obvio, no era para nada importante. Con sus escasos estudios lo único que podía alcanzar era la de conserje o jardinero, pero debido a que es primo del exgobernador Manuel Velasco Coello le concedieron una plaza de oficina, cerca de algunos altos mandos.

Sin embargo, su chamba era preparar café, servirles galletitas a sus superiores y sacar copias. Era todo. Un auténtico pelagatos.

Cuando Escandón Cadenas ganó la gubernatura por el “efecto López Obrador”, Molina Velasco fue impulsado para obtener el nombramiento de delegado especial del Comité Ejecutivo Nacional de Morena, donde siguió siendo el mandadero del hoy cónsul en Miami, Florida, y de Brito Mazariegos.

Pero en septiembre de 2022, tras una elección manipulada desde Palacio Gobierno, logró ser “electo” como dirigente estatal del partido guinda. Entonces, él mismo y sus patrocinadores hicieron circular la versión de que era un hombre de izquierda, que desde su niñez había mostrado interés por la política, que había recorrido todo el estado varias veces, que al salir de la secundaria acompañaba a su padre que fue candidato a diputado federal por el desaparecido PRD por el distrito de Pichucalco en 1998, entre otras maravillas.

En menos palabras, quisieron mostrarlo como una persona salida de la cultura del esfuerzo y firmemente comprometida con las causas de los chiapanecos. Pero sólo basta ver su oronda personalidad para comprender que su único interés ha sido y es alcanzar el mayor beneficio personal.

Desde que llegó a la dirigencia de Morena no ha hecho más que engordar, sí, su peculio.

Los propios militantes lo han acusado de lucrar con las millonarias prerrogativas del instituto político, que asciende a más de 34 millones de pesos anuales, de las que no entrega cuentas a nadie, y hasta de vender las candidaturas y puestos directivos del partido por varios millones de pesos e incluso por vehículos de lujo.

También lo señalan de ser testaferro y tapadera de Rutilio Escandón, Pepe Cruz y Javier Jiménez Jiménez. Dicen que, abusando del control del partido, obliga a los presidentes municipales de extracción morenista a entregarle sumas importantes en efectivo y contratos de obra para sus constructoras y las de los antes mencionados. Es decir, es un extorsionador con charola.

Antes de formar parte del grupo político de Rutilio Escandón, no tenía ni para comer. Hoy, sin embargo, es dueño de una enorme fortuna.

AGUILAR RIVERA

Sergio Aguilar Rivera, por otro lado, pasó de ser un funcionario de medio pelo en el Poder Judicial del Estado a titular del Secretariado Ejecutivo del Sistema Estatal de Seguridad Pública en la administración anterior.

Igual que Carlos Molina, con mucho esfuerzo llegaba a fin de mes. Ahora, en cambio, viste ropa de marca exclusiva, realiza viajes de placer y posee autos y residencias de lujo.

De acuerdo con varias fuentes, parte de su riqueza la hizo mediante la extorsión. Tal como lo denunció el exalcalde de Huixtla, José Luis Laparra Calderón, quien dijo que Sergio Aguilar le exigía moches y contratos de obra a cambio de protección.

Y es que en complicidad con el exauditor superior del estado y hoy diputado por el municipio de Simojovel, Uriel Estrada Martínez, amenazaba a los presidentes municipales con fincarles observaciones en la cuenta pública si no accedían a sus exigencias. Incluso, por medio de mensajes de WhatsApp les pedía que viajaran a Tuxtla Gutiérrez a entregarle personalmente las sumas de dinero.

Por otra parte, como responsable de la implementación de políticas, la colaboración interinstitucional y la vigilancia de los recursos en materia de seguridad, se dice que chantajeaba a los alcaldes para condicionarles la entrega de patrullas y uniformes para los elementos policiales.

Al respecto, existe una denuncia en su contra de que a lo largo del sexenio anterior encabezó una serie de actos de simulación por compra de patrullas y equipo que según eran en beneficio de distintos municipios de la entidad.

Por ejemplo, la Auditoría Superior de la Federación descubrió que mediante el contrato SESESP/UAJ/LCPSA/001/2023, Aguilar Rivera adquirió seis unidades tipo Pick Up doble cabina de la marca Nissan Frontier SE modelo 2023, por una cantidad superior a los cuatro millones de pesos, a una empresa fantasma, ya que el domicilio de ese proveedor se encontraba ubicado en un lote baldío.

CÍNICOS

En fin, Carlos Molina y Sergio Aguilar Rivera son dos coyotes de la misma loma. No pueden llamarse promotores de los principios de la Cuarta Transformación cuando ellos mismos se encargaron de institucionalizar la corrupción durante todo el sexenio anterior.

Y mucho menos pueden proclamarse como parte de la Nueva ERA siendo que en las elecciones pasadas trataron de obstaculizar el proyecto del hoy gobernador Eduardo Ramírez, y es por todos conocido que recaudaron fondos a través de la extorsión para financiar la aspiración de Ismael Brito a la candidatura al Gobierno del Estado y promovieron el proyecto de Pepe Cruz.

En este momento, lo mejor que podrían hacer es reflexionar y optar por el retiro de la vida pública, así como lo hizo para evitar la cárcel su padrino el “ceja güera”.

yomariocaballero@gmail.com

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