Razones

“Resultados tangibles”

Jorge Fernández Menéndez

La presidenta Claudia Sheinbaum habló, nuevamente, con su homólogo estadounidense Donald Trump, luego de una semana de constantes advertencias del mandatario estadounidense de que podría haber intervenciones terrestres contra cárteles de la droga, incluso en México, y de una conversación entre el secretario de Estado, Marco Rubio y el canciller Juan Ramón de la Fuente. Fue, se informó, una llamada pedida con Trump por la presidenta que duró poco más de diez minutos.

Como siempre se dijo que la conversación fue productiva, en la mañanera se insistió en que no habrá intervención de Estados Unidos en México y que se reforzará la colaboración. Está bien, pero para saber el tono real de la conversación y cómo está la relación entre los dos países, hay que ir al comunicado del departamento de Estado del día anterior, luego de la plática de Rubio y De la Fuente.

Dice el comunicado, divulgado en Washington, que Rubio reafirmó el compromiso de Estados Unidos contra el “narcoterrorismo” y urgió a México a tener “resultados tangibles” para desmantelar redes violentas en México, detener el tráfico de fentanilo y armas, protegiendo así a su país y al hemisferio. Las palabras “resultados tangibles” son claves en todo esto. Y quieren decir que Estados Unidos quiere mucho más en el combate contra estos crímenes, incluyendo como hemos dicho, a los cómplices y protectores políticos de los cárteles.

El sentido del tema es inocultable. No creo que en el corto plazo el presidente Trump esté planteando una intervención en México (tampoco en el mediano o largo plazo) pero cada día que pasa existen mayores presiones para otro tipo de acciones, preferentemente encubiertas, contra grupos criminales para lo que es el objetivo de la Casa Blanca: los cómplices, patrocinadores, protectores políticos de los grupos criminales. Operaciones encubiertas como la que terminó con la detención de Ismael El Mayo Zambada, por ejemplo.

El cártel de los Soles, a diferencia del Tren de Aragua, nunca fue un cártel en sí: se trata de una plataforma de complicidades y protección operada desde ámbitos políticos y militares de Venezuela para propiciar, proteger, controlar el tráfico de drogas. No creo que Nicolás Maduro o Diosdado Cabello hayan estado organizando, ellos mismos, un cargamento de cocaína hacia México o Estados Unidos: lo que hacían, algunos seguramente todavía tratarán de hacerlo, es establecer las condiciones para que los grupos criminales pudieran hacerlo, los protegían, les daban cobertura (Maduro como canciller les daba hasta pasaportes expedidos por cierto en la embajada de Venezuela en México) y les cobraban por esos servicios.

Esa plataforma servía también para desestabilizar a otros países y ofrecerle apoyo a sus aliados. Lo de Ecuador y Perú (también México) ha sido paradigmático en ese sentido. Que la fortuna descubierta a Maduro, hasta ahora, ronde los tres mil 800 millones de dólares, lo explica. Para eso sirven las complicidades y protecciones de los políticos a los grupos criminales: para enriquecerse. Por eso deben ser desmanteladas esas estructuras. Todo lo que está haciendo bien el gobierno federal en el ámbito de la seguridad queda descontextualizado sin esos golpes, sin quitar esas cabezas. Lo vemos en el crimen organizado, en el narcotráfico y en el contrabando de combustible: hay golpes importantes, pero no puede ser que en esos delitos no haya un solo político o funcionario de la pasada o actual administración involucrado. Esos son los “resultados tangibles” que se demandan.

El otro tema es el apoyo a Cuba. El gobierno federal lo sigue minimizando, pero las cifras del apoyo a la dictadura cubana son millonarias sin beneficio alguno para el país. Incluso después de la caída de Maduro se ha seguido enviando crudo a la isla o se sigue contratando y pagando médicos.

Ayer se informó que el gobierno no sólo paga por cada médico cubano cantidades mucho mayores, tres, cuatro veces superiores, a la que gana en el mismo Seguro Social un médico residente en el país, sino que además hay que pagar el transporte, la comida y el hospedaje. Sin tener cifras completas, sólo de algunos estados, el IMSS gastó poco de dos mil millones de pesos, o sea más de 100 millones de dólares en hospedaje, transporte y comida de los médicos cubanos. Mientras tanto, el 40 por ciento de egresados de las escuelas de medicina se quedan sin oportunidades por escasez de plazas y el bajo presupuesto, con salarios infames. Anualmente egresan 16 mil especialistas y 15 mil médicos generales que no son absorbidos por el sistema de salud. En total se estima que unos cien mil médicos mexicanos no tienen trabajo en el sector. Sólo con lo gastado en hospedaje, transporte y alimentación se podría haber contratado a tres mil 500 especialistas mexicanos o se podrían haber otorgado dos mil 700 becas para maestrías en salud pública.

Lo más grave es que esos recursos ni siquiera van a los médicos cubanos contratados. Por cada uno de ellos se paga unos 100 mil pesos, pero cada médico recibe sólo unos 27 mil pesos, el resto se le entrega al gobierno cubano que actúa como una enorme empresa de outsourcing. Esa es la razón de fondo por la que ese esquema ha sido denunciado internacionalmente. Por cierto, uno de los mayores y más insistentes denunciantes, desde hace años, se llama Marco Rubio, y es el secretario de Estado de la Unión Americana.

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