EDITORIAL

La unidad que pregona Oved en la 40 como factor del trabajo sindical

En un contexto complejo, marcado por rezagos históricos, exigencias legítimas del magisterio y un entorno social que demanda resultados, el trabajo sindical no puede reducirse únicamente a la gestión administrativa o a la resolución de trámites pendientes. El verdadero desafío radica en construir un proyecto colectivo que devuelva certeza, confianza y rumbo a las maestras y maestros. Bajo esa premisa, el llamado a la unidad realizado por el secretario general de la Sección 40 del SNTE, Oved Tovilla Balderas, adquiere un significado profundo y estratégico.

Hablar de unidad sindical no es un ejercicio retórico ni una consigna vacía. Es reconocer que la Sección 40 es plural, diversa en ideas, trayectorias y formas de pensar. Esa diversidad, lejos de ser un obstáculo, representa una fortaleza cuando se canaliza mediante el diálogo, el respeto y la voluntad de construir acuerdos. En ese sentido, el posicionamiento del Comité Ejecutivo Seccional es claro: no habrá denostación, descalificación ni confrontación estéril entre compañeras y compañeros.

Balderas Tovilla en su conferencia de prensa de media semana, donde daba prioridad a la Consulta Nacional en donde participan miles de maestros estatales, reflexiona que la historia sindical ha demostrado que la división interna debilita las causas legítimas del magisterio. Cuando las diferencias se convierten en fracturas, quienes pierden son las maestras y maestros en las aulas, en las comunidades y en sus derechos laborales. Por ello, apostar por la construcción de consensos y por la edificación de puentes de diálogo no es solo una postura política, sino una responsabilidad ética con la base trabajadora.

El llamado a la unidad implica también una actitud madura frente a las diferencias. No se trata de negar que existen visiones distintas sobre el rumbo del sindicato, sino de asumir que esas diferencias pueden convivir en un marco de respeto mutuo y objetivos comunes. La reconciliación, como lo ha señalado Balderas Tovilla, debe colocarse por encima de la discordia, entendiendo que el sindicato es una casa común que pertenece a todas y todos.

Este enfoque cobra especial relevancia en el año 2026, un periodo clave para el fortalecimiento institucional de la Sección 40. La consolidación de un sindicato fuerte, legítimo y funcional no se logra desde la confrontación interna, sino desde la suma de esfuerzos. Trabajar en unidad significa reconocer el mandato otorgado por la base magisterial mediante el voto, pero también honrarlo con acciones que privilegien el interés colectivo sobre cualquier agenda personal o de grupo.

Hoy llama la atención que desde que asumió la dirección sindical, las alas adversas a la dirigencia, con su silencio, aprueban la gestión que lleva el dirigente que ha demostrado con hechos que las relaciones políticas se hacen para ayudar, para favorecer, no para enriquecerse a costa de los demás.

El trabajo arduo del Comité Ejecutivo Seccional se sostiene precisamente en esa visión: construir donde otros dividen, dialogar donde otros confrontan y reconciliar donde otros siembran discordia. Esta forma de hacer sindicalismo no es sencilla. Requiere paciencia, temple, capacidad de escucha y, sobre todo, una profunda convicción de servicio. Implica tender la mano incluso en escenarios adversos y mantener abiertos los canales de comunicación con todas las expresiones políticas de la Sección 40.

La unidad también se refleja en la responsabilidad de atender los problemas reales del magisterio. Rezagos salariales, adeudos históricos, procesos de regularización y demandas laborales acumuladas durante años que exigen una organización sindical cohesionada, capaz de gestionar con firmeza ante las autoridades. Ninguna de estas tareas puede realizarse con eficacia si el sindicato se encuentra fragmentado o inmerso en disputas internas.

Por ello, el llamado a la unidad no es un fin en sí mismo, sino un medio para lograr mejores condiciones laborales, salariales y profesionales para las maestras y maestros. Es una invitación a reenfocar las energías en lo verdaderamente importante: la defensa de los derechos laborales, el fortalecimiento de la educación pública y la dignificación de la labor docente.

En este contexto, resulta fundamental reconocer el compromiso de las y los trabajadores de la educación que, pese a las dificultades, continúan cumpliendo con su labor en las aulas y en comunidades muchas veces alejadas y con carencias. Ese compromiso cotidiano merece un sindicato a la altura de su esfuerzo, un sindicato que actúe con responsabilidad, transparencia y, sobre todo, unidad.

La Sección 40 enfrenta el reto de consolidarse como un referente de estabilidad, diálogo y resultados. Para lograrlo, es indispensable que todas las fuerzas políticas internas asuman el llamado a la unidad como una responsabilidad compartida. No se trata de renunciar a las convicciones personales, sino de colocarlas al servicio de un proyecto colectivo que beneficie a todas y todos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *