Una cuesta muy difícil

Al inicio del 2026 hay familias chiapanecas que enfrentan un inicio de enero muy empinado, a pesar del incremento al salario mínimo

Marco Alvarado/ Diario de Chiapas

Al inicio del 2026 hay familias chiapanecas que enfrentan una “cuesta de enero” más empinada.

A pesar del incremento al salario mínimo, el estado arranca el año con una inflación que ronda el cuatro por ciento, una cifra que en la práctica pulveriza el poder adquisitivo en los hogares más vulnerables.

El dato más alarmante que enmarca este inicio de año es el índice de pobreza laboral.

Según los reportes más recientes del Inegi y Coneval, al cierre del trimestre anterior, en Chiapas el 61.1 por ciento de la población se encuentra en situación de pobreza laboral.

Esto significa que seis de cada 10 chiapanecos no perciben ingresos suficientes para costear siquiera la canasta alimentaria básica, obligándolos a vivir en un estado de carencia permanente.

Aunque el salario mínimo general se ajustó a 315 pesos diarios para este 2026, la realidad en los mercados de Tuxtla Gutiérrez y Tapachula cuenta una historia distinta.

El encarecimiento de productos de consumo básico ha forzado a las familias a realizar una “ingeniería financiera” doméstica, sustituyendo marcas tradicionales por productos genéricos o compras a granel.

Se trata de un entorno gobernado por variables nacionales; aunque hubo un incremento al salario, este apenas sirve para cubrir los desembolsos básicos de alimentos, servicios y el cumplimiento de las nuevas obligaciones tributarias.

El panorama se complica con la entrada en vigor del “impuesto saludable”, una medida fiscal que impacta directamente a las bebidas azucaradas.

Chiapas, históricamente uno de los mayores consumidores de estos productos a nivel global, es la región más castigada por este gravamen.

A este escenario se suma la volatilidad en los productos del campo. Alimentos esenciales como el limón, la naranja, la papaya y el jitomate han iniciado el año con alzas significativas, debido a factores climáticos adversos y el incremento en los costos de transporte logístico.

Para quienes consumen productos no indispensables, el golpe ha sido contundente.

Los ajustes fiscales para este año elevaron el costo de los cigarrillos y bebidas destiladas entre un 20 y 22 por ciento, un incremento que busca desincentivar el consumo, pero que de momento, solo añade presión al gasto familiar.

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