Del 1 al 6 de enero, la celebración patronal del Niño de Atocha se consolida como uno de los acontecimientos religiosos y culturales más significativos para la comunidad
Cinthia Ruiz / Diario de Chiapas
Del 1 al 6 de enero, la celebración patronal del Niño de Atocha se consolida como uno de los acontecimientos religiosos y culturales más significativos para la comunidad, al reunir diariamente a decenas de familias que acuden a la iglesia para participar en actividades litúrgicas, peregrinaciones y expresiones tradicionales que fortalecen el arraigo, la identidad y la fe colectiva.
Durante estos seis días, el templo permanece con afluencia constante de creyentes. La celebración no se limita a un solo acto religioso, sino que se vive como un proceso continuo de oración, agradecimiento y convivencia comunitaria.
La fe hacia el Niño de Atocha es profunda y heredada, transmitida de generación en generación, y se manifiesta tanto en el interior del templo como en los espacios públicos que lo rodean.
La participación se intensifica. En los alrededores de la iglesia, el ambiente refleja el carácter comunitario de la festividad: juegos mecánicos, música, familias completas recorriendo los puestos y una vendimia organizada por habitantes del lugar. Chalupas y diversos antojitos son preparados por la propia comunidad con el objetivo de recaudar recursos destinados a cubrir servicios básicos como sanitarios, limpieza, flores y mantenimiento del recinto religioso.
Al ingresar a la iglesia, el contraste es inmediato. El aroma a incienso y flores envuelve el espacio y marca un ambiente de recogimiento. El altar del Niño de Atocha, decorado con girasoles, velas encendidas y los colores azul y amarillo, símbolos de esperanza y protección, se convierte en el eje espiritual de la celebración. Frente a la imagen, personas de todas las edades se detienen en silencio, se hincan, elevan plegarias o agradecen favores recibidos.
El flujo de fieles es constante durante todo el día. Cada poco minuto, nuevos devotos ingresan al templo, algunos acompañados de niños, otros de adultos mayores. La devoción se expresa de manera íntima, pero también colectiva. Entre las escenas más significativas, una mujer permanecía al frente del altar llorando, acompañada de su nieto, quien con un gesto sencillo la consolaba. La escena reflejaba el sentido humano y espiritual de la celebración, donde la fe se convierte en refugio ante la tristeza y en motivo de esperanza.
La música cumple un papel central en la expresión religiosa. Durante la noche, un grupo de mariachis ingresó al templo para interpretar, durante aproximadamente 20 minutos, cantos dedicados al Niño de Atocha, transformando el silencio en una manifestación sonora de gratitud. Posteriormente, dio inicio una peregrinación festiva, en la que participaron parachicos y chiapanecas, cuyas danzas representan uno de los elementos culturales más importantes del estado.
Los trajes tradicionales, los pasos de baile y la música llenaron el espacio de color y movimiento. La presencia de los parachicos y las chiapanecas no solo aportó alegría a la celebración, sino que reafirmó el vínculo entre la fe religiosa y la identidad cultural, elementos inseparables para esta comunidad. La respuesta de los asistentes fue inmediata: aplausos, grabaciones y expresiones de respeto y emoción.
Al exterior del templo, la celebración continuaba con conciertos, convivencia familiar y actividades recreativas. Niños, jóvenes y adultos compartían alimentos y momentos de encuentro, consolidando la fiesta patronal como un espacio de cohesión social.
Durante el desarrollo de la festividad, doña Lourdes Díaz, presidenta de la fiesta patronal del Niño de Atocha, destacó que esta celebración es posible gracias al trabajo conjunto de la comunidad. Explicó que los recursos obtenidos mediante la vendimia se destinan a cubrir las necesidades de la iglesia y los servicios durante la fiesta. Señaló sentirse profundamente bendecida por la respuesta de la población y por la oportunidad de encabezar la organización este año, además de invitar a la ciudadanía a acudir y participar.
La celebración del Niño de Atocha trasciende el acto religioso.




