Inscribir el Congreso en letras doradas, un alto honor para la historia de la democracia en Chiapas
Antes de finalizar el año, el Congreso del Estado celebró una sesión solemne, contando con la presencia del gobernador del Estado, Eduardo Ramírez Aguilar, su gabinete legal y ampliado, representantes del Poder Judicial y demás personas de la clase política, para ser testigos de la develación en letras doradas del bicentenario del Congreso del Estado de Chiapas.
Este acto aparentemente solemne no debía quedar atrás, ya que se trata de una de las instituciones o poderes más importantes en la historia de Chiapas, su participación en estos dos siglos es vital en los momentos más cruciales, tanto en los más adversos o en los cambios que representaron el rumbo y destino de los chiapanecos.
Nombrar los acontecimientos en las que el Congreso ha estado involucrado, no son suficientes en este tintero, pero si podemos hacer los contrastes de esta actual legislatura y la anterior, la cual según expertos se “hicieron los tontos” en decisiones trascendentales que ya repercutieron a nivel nacional y en lo local se quedaron en la congeladora.
La presente legislatura, asumió el reto que la Nueva ERA se propuso: cambiar el destino de Chiapas, en tan sólo un año, retomaron iniciativas que quedaron estancadas legislaturas atrás, siendo los derechos de las minorías, penalizaciones hacia crímenes que ya son comunes y la valoración de aspectos culturales e identitarios.
Desde luego, desde el primer día como dicen, la mayoría se puso a trabajar, con intensos debates, pero con el compromiso de sacar adelante una agenda que beneficie a todos los chiapanecos. En este sentido, el humanismo de la Nueva ERA no debía caminar sólo.
En cambio, la legislatura pasada se caracterizó por ser uno de los más omisos, opacos y poco transparentes, con cambios poco trascendentales y cuando se trató de establecer leyes que beneficien, en especial a grupos marginales, estos no fueron votados, ni discutidos o en todo caso, en las votaciones, las participaciones para su votación fueron tibias, contrastando con las vanguardias progresistas en favor de los derechos humanos en otros congresos estatales.
En este sentido, es necesario hacer énfasis en el tema del aborto y de los uniones LGBTQ+, la discusión y posterior aprobación, representaron un avance en el tema de los derechos humanos; en primer lugar, Chiapas marcado por una férrea presencia religiosa (ahora con el peligro de grupos cristianos protestantes y evangélicos en las regiones más marginadas), repercutieron de forma negativa en temas políticos, en la que legisladores con una marcada presencia religiosa, ante pusieron su dogma antes que su deber de representar y defender a las minorías.
Para el caso de la legalización del aborto, el mismo tema, pero con el intenso dilema de “preservar la vida desde su concepción”, aunque esta se haya realizado bajo una violación o bajo el amparo de arcaicas costumbres, que perjudican el uso y autonomía de las mujeres. Escuchar argumentos en contra de su despenalización, en muchos sentidos atentó contra los derechos humanos.
En fin, esta legislatura avanzó titánicamente para dignificar a las minorías, la identidad, y en lo que le queda de tiempo, esperamos desde esta mesa de redacción, continúen a la vanguardia en favor de los chiapanecos.
Ahora bien, un Congreso debe ser fuerte, estar a la altura de la historia y del contexto que le corresponde; esta legislatura fue un gran aliado en el tema de la pacificación, no con aplausos o cantos de sirenas, sino en iniciativas y reconocimiento institucional a las autoridades de seguridad.




