Nadie en su sano juicio dirá “esta boca es mía”, aunque en los hechos se evidencie que tiene metidas las manos hasta el fondo. No nos consta que el senador Adán López Hernández haya operado, con la venia presidencial, la remoción o el cese absoluto del fiscal general de la República, Alejandro Gertz Manero.
Ahora resulta que todos le echan la culpa al presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso por haber propiciado la caída del representante de la fiscalía federal. ¿Acaso no puede inferirse que el funcionario ya estaba agotado, con más de ocho décadas de vida y poco más de un sexenio al frente de esta institución “justiciera” de los criminales?
El jueves, tras manejarse el tema mediáticamente, en menos de 12 horas, la renuncia del fiscal Gertz Manero ya estaba en la mesa de la presidenta de la Mesa Directiva del Senado, lugar donde deben dirigirse las solicitudes de licencia a un cargo del que solo se puede renunciar por causa grave, no porque le hayan ofrecido una “embajada amiga”.
Hoy ya no forma parte de la Cuarta Transformación el funcionario “autónomo”, como lo era la FGR, que llegó con el visto bueno del entonces presidente Andrés Manuel López Obrador. Hoy la cascada de críticas a su débil gestión le vale un comino; ya está en casa, descansando, recuperando energías para irse becado a una embajada “amiga”. ¿Cuál? No se sabe, porque en esto de la política no se tiene claro qué otra chamba pueda venirle.
Lo realmente importante es que ya se fue, y Ernestina Godoy, la incondicional de la presidenta de la República, tiene bajo su responsabilidad conducir los destinos de la Fiscalía, por lo menos hasta que el Senado autorice su designación o bien le dé las gracias.
El senador morenista Adán Augusto López Hernández, coordinador parlamentario del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), rechazó haber encabezado una operación política para propiciar la salida de Gertz Manero.
Por lo pronto no lo sabremos, porque simplemente ni lo reconocerá ni lo dirá, menos aún la propia “víctima”, en este caso Gertz Manero, quien, dicho sea de paso, había tenido serias diferencias con López Hernández. Así que hay que dejar a un lado las especulaciones mediáticas y concentrarse en hechos comprobables.
El tema de la renuncia del fiscal ya se había rumorado desde un día antes, y durante la mañanera la presidenta Claudia Sheinbaum dijo que no sabía nada y que iba a analizar una carta enviada por el Senado. Pero Adán Augusto, en su calidad de presidente de la Jucopo, dijo carecer de información cuando fue cuestionado por reporteros de la fuente.
Lo que sí podemos afirmar es que, desde temprana hora del jueves, el presidente del Senado había citado a sesión extraordinaria para analizar un caso urgente. Primero a las 10:00 horas, luego se pospuso para las 14:30, pero como no había sobre el escritorio de la presidenta de la Mesa Directiva la renuncia, no había posibilidad de comenzar.
El documento llegó alrededor de las 16:00 horas, trasladado por un enlace proveniente de la propia FGR. A partir de ahí, la imaginación se estancó y se comprobó que el fiscal se iba porque, quizás, ya estaba cansado de la refriega.
Que fue una renuncia exigida por López Hernández y que la instrucción salió del encuentro inesperado del senador con la presidenta Sheinbaum, no nos consta, pero la sospecha quedó evidenciada.
Decimos: no nos constan estos hechos, pero, si así fuese, el rumor que corre desde el centro del país es que la operatividad de López Hernández para dejar en la calle al ahora exfiscal lo blinda de cualquier acción contra los involucrados en el cártel de la Barredora. Ni pensarlo.
Dice un medio periodístico que el hecho demuestra que predominaron las versiones encontradas, los tiempos legislativos inusuales y las reuniones prolongadas en el Senado. Sí, está bien, pero así es esto de la política: lo ejerció el PRI, lo hizo el PAN y ahora Morena. No hay diferencias… salvo aquella que desemboque en un imperio que no se rompa por mucho tiempo. Esa sí sería peligrosa.




